EN APARIENCIA, CASI NADA SE PAREce entre Colombia y Rusia. Sin embargo, es enorme el parecido entre las coyunturas políticas de ambos países. La punta del iceberg es la impresionante popularidad de los gobernantes de los dos países, Álvaro Uribe y Vladimir Putin.
A Putin se le atribuye el resurgimiento de Rusia, así como algunos le reconocen a Uribe haber sacado a Colombia de la condición de “Estado fallido”. Ambos mandatarios han sido hábiles en recontar la historia de sus países, presentando un relato políticamente arrollador.
Putin sostiene que recuperó la estabilidad y la autoestima para Rusia luego del caos y la humillación de los años noventa, que produjeron la debilidad de Gorbachev y Yeltsin. Para Putin el problema no fue la Unión Soviética, cuyo totalitarismo justifica por la Guerra Fría, sino Occidente y el apartamiento de la cultura política rusa de mano firme. De manera equivalente, el relato uribista predica que la búsqueda de la paz por parte de un gobierno débil, condujo al arrodillamiento del Estado frente a las Farc, y que la redención del país se obtuvo gracias a la mano firme. Que con seguridad vino la prosperidad, y que para garantizar ambas se requiere continuidad en el poder.
Como Colombia, Rusia ha crecido bajo Putin a niveles cercanos al siete por ciento anual, jalonada por una coyuntura internacional muy favorable, especialmente en materia de precios del petróleo. Los ciudadanos que sufrieron la dura crisis de los años noventas fueron convencidos fácilmente de que la solución a los problemas estuvo en un líder fuerte, no en instituciones fuertes. Eso llevó a que, como Uribe, Putin haya ampliado su poder a la totalidad de instituciones públicas. El partido político mayoritario se encuentra sometido a su control férreo, y aunque las normas sobre libertad de expresión permanecen vigentes, los medios de comunicación rusos han optado por la autocensura.
Lo anterior es a la vez causa y consecuencia de la concepción política de Putin y Uribe, basada en lo que Vladislav Surkov, el José Obdulio Gaviria ruso, llama los tres pilares de la cultura política rusa: la centralización, personalización e idealización del poder.
Aun la principal diferencia entre las coyunturas de Colombia y Rusia es aparente. Putin no permitió la reforma de la constitución para alargar su mandato. Prefirió aplicar lo que se denominó Operación Sucesor. Luego de presentar el triunfo de su sector político en las elecciones como un mandato personal, anunció un sucesor, que una vez elegido lo nombró Primer Ministro. Uribe aún no revela su estrategia, pero exige reelegir la Seguridad Democrática.
Pero con la llegada del sucesor de Putin se dio un cambio. Mientras el presidente Uribe no se cansa de destacar la fortaleza y vigor de la democracia colombiana, el presidente Dmitri Medvédev reconoce que: “Russia es un país de un nihilismo legal a un nivel, que ningún país europeo exhibe… La corrupción en las estructuras oficiales tiene una escala enorme”.