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¿Modelo colombiano para Afganistán?

08 de noviembre de 2015 - 09:00 p. m.

Estados Unidos ha intentado en el pasado aplicar lecciones del conflicto interno colombiano en la guerra de Afganistán.

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Primero por las similitudes entre los dos conflictos: ambos tienen una geografía escarpada propicia para la guerra de guerrillas, localizadas en zonas sin presencia del Estado y que se financian con el cultivo de drogas ilícitas de poblaciones bajo su influencia. Segundo, porque Colombia ha sido el caso de éxito de las participaciones militares norteamericanas recientes.

En el pico de la euforia por los avances contra las Farc en la década pasada, Estados Unidos llegó hasta trasladar a su embajador de Colombia a Afganistán. Pero las cosas han cambiado desde entonces. A pesar de que al llegar a la presidencia Barack Obama sostuvo que la guerra importante era la de Afganistán, porque alojaba a Al Qaeda, y no la de Irak, los resultados en Afganistán no han sido buenos. Aun habiendo conformado una coalición de 25 países, comandados por la Otan, y haber combatido a los talibanes por 13 años. Este año se produjo la retirada humillante de los ejércitos de la coalición, ante la evidencia de que no era posible ganar la guerra de guerrillas. Estados Unidos iba a retirarse también, dejando solamente mil militares para labores de entrenamiento al ejército afgano. Sin embargo, el empeoramiento de las condiciones del conflicto obligaron al presidente Obama a detener la salida y mantener cerca de diez mil tropas.

Algunos creen que lo hace para prevenir la llegada del Estado Islámico a Afganistán, pero otros sostienen que en realidad es para tratar de mantener un equilibrio de fuerzas que permita una eventual negociación entre el nuevo Gobierno afgano y las principales facciones talibanes. Cada vez más expertos dentro de Estados Unidos creen que esa es la única manera de terminar un conflicto perdido (revista Foreign Affairs: Time to Negotiate in Afganisthan http://t.co/eza15YsWbq), y de conseguir una paz digna. Ha habido intentos de negociación en el pasado, que fracasaron especialmente por la falta de interés de los Estados Unidos.

Pero después de siete años de gobierno Obama, las cosas han cambiado. Las victorias internacionales de Obama han venido de negociar en lugar de insistir en la fracasada fórmula militar de George W. Bush. Los acuerdos con Irán y con Cuba cambiaron el paradigma de acción norteamericana y la percepción histórica sobre Obama. Un eventual éxito del proceso de paz colombiano mostraría que existe una solución aceptable para conflictos internos con guerrillas, que respeta el derecho internacional y consigue el fin efectivo del conflicto dejando al gobierno democrático y la institucionalidad fortalecidos. El antecedente colombiano podría hacer aceptable para Estados Unidos la negociación con los talibanes, tanto interna como internacionalmente. Un indicio sería el apoyo contundente que dio el Secretario de Estado Kerry a los avances sobre justicia transicional en La Habana.

En la difícil encrucijada norteamericana en el Medio Oriente, algunos elementos novedosos del modelo de negociación colombiano podrían ser parte de una receta a probar por la política exterior norteamericana. Especialmente si Hillary Clinton es la próxima presidente.

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