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Operación Sucesor

14 de septiembre de 2008 - 06:20 p. m.

EN LA COLUMNA DE LA SEMANA pasada decía: “Aun la principal diferencia entre las coyunturas de Colombia y Rusia es aparente. Putin no permitió la reforma de la Constitución para alargar su mandato. Prefirió aplicar lo que se denominó Operación Sucesor.

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Luego de presentar el triunfo de su sector político en las elecciones como un mandato personal, anunció un sucesor, que una vez elegido lo nombró Primer Ministro. Uribe aún no revela su estrategia, pero exige reelegir la Seguridad Democrática”.

Es posible que las palabras del Presidente en el CESA sólo sean una manera de medir el ambiente político en relación con sus dos principales preocupaciones: la posibilidad de imponer un sucesor y la necesidad de desactivar los riesgos judiciales que se ciernen sobre su Gobierno y su futuro personal. Es decir, de medir la viabilidad de encontrar garantías en ambos temas a cambio de ofrecer su no reelección inmediata.

De ser serias las intenciones de Uribe de no reelegirse inmediatamente, la razón para el anuncio sería que la primera etapa de la Operación Sucesor quedó consumada. Consistió en oficializar el mandato personal que le otorgó el pueblo para seguir gobernando, directamente o por interpuesta persona, mediante la presentación al Congreso del referendo para autorizar la segunda reelección. Vladimir Putin lo hizo personalizando las elecciones parlamentarias en que su partido obtuvo una mayoría clara. Esta etapa era esencial, porque la popularidad presidencial y el apoyo a su gestión en las encuestas eran insuficientes para reclamar el derecho a imponer un sucesor. Se requería una súplica política formal.

El segundo paso del modelo putiniano es el anuncio del sucesor. Uribe probablemente se tome un año antes de hacerlo, por varias razones. Para no precipitar prematuramente una campaña presidencial y poder conservar el control sobre la política nacional, pero sobre todo, para medir su fuerza e imponer un sucesor, y en caso de que no pareciera seguro, lanzarse él, porque el proyecto de referendo seguirá avanzando hasta convertirse en el seguro contra la hecatombe.

En esta segunda etapa Uribe también mediría la conveniencia de optar por un sucesor tipo Dmitri Medvedev o Sarah Palin, pensando en factores como elegibilidad y lealtad, y en compatibilidad en caso de que decidiera “aceptarle” el nombramiento de Ministro de Defensa. Y dedicaría grandes esfuerzos a evitar que el país se dé cuenta de que quien tiene su mismo carácter y mejor aseguraría la continuación de la Seguridad Democrática, es Germán Vargas Lleras, porque éste seguramente no se haría a un lado en 2014.

Una vez seleccionado el sucesor, el paso siguiente será, como John McCain, utilizar fuegos artificiales para mostrar que la elección del sucesor significa cambio y así desvirtuar las acusaciones de que la Operación Sucesor no es más que una pantomima autoritaria. Pero como dice Barack Obama, se le puede poner colorete a un marrano, pero sigue siendo un marrano.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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