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Populismo vs. clientelismo (III)

30 de marzo de 2014 - 10:00 p. m.

Ignorando señales críticas de hastío de un sector creciente del electorado con la politiquería, el sistema político clientelista abrió un segundo frente de batalla, esta vez por la izquierda, contra Gustavo Petro.

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La destitución de Petro por parte de la institución que protege los intereses de los partidos políticos —quienes eligen y reeligen al procurador para que los “vigile”— es de una gran torpeza política. Porque no sólo liberó a Petro de la difícil tarea administrativa que estaba consumiendo su capital político —la Alcaldía de Bogotá—, sino que produjo un absceso en la democracia que Petro utilizará, con su conocida habilidad política, para golpear sin piedad al sistema político. Petro convertirá el absceso en un símbolo grotesco de los excesos de un sistema político corrupto y recuperará sus derechos políticos por vía de la justicia nacional o internacional, para ser un candidato presidencial con causa en 2018. Sin una estructura política suficiente, y con su personalidad conflictiva, Petro seguramente concluirá que el único camino contra el sistema político es el tradicional populismo latinoamericano.

El primer frente de batalla lo abrió por la derecha Álvaro Uribe, que usando la combinación de las formas de lucha, después de fracasar en su intento de arrebatarle al Gobierno los partidos políticos supuestamente uribistas, se está convirtiendo en su peor enemigo, sosteniendo que el Congreso es ilegítimo, que es víctima del fraude y que lo derrotaron mediante el uso ilegal de los recursos del Estado. Como buen converso, Uribe será un látigo feroz de los partidos y la Unidad Nacional, si Santos conserva el poder. Ante la realidad de que el tamaño de su bancada en el Senado y, peor aún, en la Cámara no le permite influir realmente en la tarea legislativa, recrudecerá las banderas populistas contra la politiquería que le funcionaron en 2002, sólo que esta vez con mayor agresividad, gracias al odio que profesa por Juan Manuel Santos y su coalición política. Uribe sabe que los grandes odios de los colombianos son las Farc y los políticos corruptos, y considera que se están uniendo en la búsqueda de la paz, lo que le unifica el blanco. Las discusiones legislativas sobre temas como presupuesto, reforma política, elección del contralor general, serán un plato servido para que Uribe haga populismo contra el sistema político.

Para un paciente aquejado por el debilitamiento de su sistema inmunológico, como es el sistema político por cuenta de sus bajos niveles de legitimidad, como muestran los exámenes de laboratorio (las encuestas), la aparición de dos ataques graves, simultáneos, hace que su pronóstico pase de delicado a reservado. Todo como consecuencia de que los familiares del enfermo (partidos políticos) permitieron que un sanador de creencias extremistas (el místico Rasputín), basado en un diagnóstico no ortodoxo (antidemocrático), aplicara un remedio riesgoso (la destitución de Petro), entusiasmados con la promesa de una recuperación rápida (de la Alcaldía).

Lo anterior es especialmente grave porque el sistema político está ad portas de que desaparezca el factor que le aportó mayor legitimidad en los últimos años, la defensa de la democracia frente a la guerrilla comunista y terrorista.

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