El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Valor político

07 de marzo de 2008 - 09:01 p. m.

La crisis internacional por la que atraviesa Colombia es un espejo de la que se generó con la invasión a Irak. Ambas se desataron por una acción militar unilateral. Ambas invocaron el derecho a la legítima defensa. Ambas polarizaron a la comunidad internacional en torno a la legalidad de los métodos utilizados para enfrentar el terrorismo.

PUBLICIDAD

Comparten también la misma justificación jurídica, razón por la cual el grueso de la comunidad internacional no va a apoyar la tesis antiterrorista del presidente Uribe. A punta de excesos y de abusos en Irak y en Chechenia, George W. Bush y Vladimir Putin pulverizaron políticamente la tesis. Apoyarán a Colombia los mismos países que lo venían haciendo, y no lo harán los mismos que no lo hacían antes. Pero a estos últimos se sumarán muchos otros que privilegian el principio de inviolabilidad de la soberanía de los Estados. Es posible que al internacionalizar su lucha contra el terrorismo, Colombia haya perdido, no ganado, apoyo mundial.

También se parecen los antecedentes políticos de la guerra de Irak y de la confrontación con Venezuela. Ante las graves amenazas terroristas que les correspondió enfrentar, tanto Bush como Uribe aplicaron la tesis de la inevitabilidad de la confrontación. Ambos recobraron rápidamente la seguridad, pero vieron dilatar su promesa de derrotar al terrorismo, ante la tozudez de la guerra de guerrillas y la dificultad para capturar a Bin Laden y a Tirofijo. Ambos decidieron entonces cazar a los auspiciadores de las guerrillas, Hussein y Chávez, presentando pruebas de sus lazos con el terrorismo y de su tráfico de material nuclear. Ambos internacionalizaron el conflicto hasta sus últimas consecuencias. Ambos sacaron provecho político interno con ello.

Cuando Bush atrapó a Saddam Hussein, pocos apostaban a que su Presidencia fuera a terminar en el fracaso. Ahora que Álvaro Uribe parece invencible luego de desvestir a Hugo Chávez y dar de baja a Raúl Reyes, es inevitable preguntarse si al final de su mandato podría correr la misma suerte que su maestro. Porque como Bush, por apostar duro hoy Uribe camina por terreno resbaloso. Por ir tras Hussein, Bush terminó devolviéndole oxígeno político y militar a los verdaderos terroristas en Afganistán, sumió a su país en una guerra inganable y destruyó su Presidencia. Está por verse si la apuesta de Uribe de cazar a Chávez, no termina revitalizando a las Farc y sometiendo a Colombia a grandes sufrimientos.

Es evidente que el presidente venezolano está buscando una confrontación de baja intensidad con Estados Unidos a través de Colombia, porque le conviene a su proyecto castrista. Y también es evidente que a Colombia no le conviene ser el trompo de poner de Chávez y Bush. La confrontación política con Venezuela no va a contribuir a resolver el problema de seguridad en Colombia. Por el contrario, puede cerrar la frontera para las exportaciones, y terminar de abrirla para el narcotráfico y las Farc.

Sin embargo, pocas voces piden detener el tren sin freno que avanza hacia la confrontación con Venezuela, como sucedió en Estados Unidos cuando los opositores de Bush callaron por temor a ser acusados de complicidad con el terrorismo. Del silencio de los políticos, de los medios de comunicación y de las mayorías norteamericanas frente a los excesos que cometió el gobierno Bush en nombre del antiterrorismo en Irak, sólo quedó muerte, desangre económico y desolación, y una amenaza terrorista peor a la que se pretendía erradicar.

Hasta Hillary Clinton votó a favor de la autorización de guerra a Bush. No lo hizo por desconocer que semejante acción extremista escondía intenciones reeleccionistas de Bush, sino por temor a las encuestas. Sin entender que la sociedad norteamericana algún día despertaría del embrujo, exigiría superar el fanatismo guerrerista que produjo la debacle de Irak, y responsabilizaría a quienes lo permitieron.

Por el contrario, cuando era antipatriótico y políticamente suicida en un país enceguecido de odio por el 9/11, Barack Obama enfrentó a George W. Bush votando en el Congreso en contra de la invasión a Irak. El apátrida de entonces puede ser el próximo presidente de Estados Unidos, en buena parte gracias a esa demostración de visión, apego a sus principios y valor político.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias