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¿Y si no funciona el cerco diplomático?

24 de febrero de 2019 - 02:24 p. m.

Es posible que el presidente Duque crea genuinamente que el “cerco diplomático” puede sacar del poder a Nicolás Maduro. Y que el deseo de los Estados Unidos es no utilizar la fuerza, confiando en que el embargo económico asfixie al gobierno de Maduro.

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Pero también es posible creer en la posibilidad de que esos dos componentes de la estrategia no funcionen, y quede disponible el tercero —que no es el plan B ni C, sino el A, porque fue anunciado desde el principio—: el uso de la fuerza. Porque también es posible creer que el régimen chavista prevalezca, como tantos regímenes autoritarios en el mundo, y mantenga a Maduro o lo cambie por Diosdado Cabello o una junta militar, lo que pondría una presión política grande sobre Donald Trump e Iván Duque, que podrían ser acusados de haber agravado la situación venezolana por utilizar una estrategia ingenua, sin plan B. Si ese escenario fuera acompañado de un lenguaje más agresivo hacia Colombia, que hiciera temer que Venezuela aumentara su influencia sobre el Eln para golpear con terrorismo al gobierno “enemigo” de Colombia, serían muchas las voces que clamarían por un ataque militar “preventivo”.

La doctrina Bush que se aplicó en Afganistán e Irak, y de la cual fue protagonista John Bolton, actual consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, tenía tres pilares fundamentales: que el terrorismo requiere ser combatido preventivamente, que los países que alojan el terrorismo son corresponsables y que los regímenes autoritarios tienden a convertirse en amenazas para la paz y la seguridad internacionales.

Donald Trump no comparte la doctrina de su principal asesor internacional, pero está en una situación política compleja, tanto a nivel interno como internacional, y el caso venezolano tiene dos ventajas grandes. En lo internacional, la posibilidad de un muy necesitado éxito, “fácil” con una operación “quirúrgica” rápida al estilo Noriega, combinada con una negociación con un sector de las fuerzas armadas, que no requeriría una intervención a gran escala como las de Oriente Medio. Sería un ataque “por invitación” del gobierno Guaidó, que por ser en el “patio trasero” no generaría el riesgo de reacción de una potencia regional como Irán o mundial como Rusia. En lo interno, Florida es el estado más importante para la reelección de Trump. Es muy disputado electoralmente con los demócratas (definió presidencia de Bush por un pelo), a tal punto que si Trump no lo hubiera ganado en 2016, no sería presidente, y si no lo vuelve a ganar, no se reelegiría. La clave electoral de Florida es el voto latino, que a diferencia del resto del país no es demócrata, gracias al tema Cuba. Pero la población latina ha cambiado, y a los cientos de miles de inmigrantes venezolanos, colombianos, argentinos, etc., los mueve el tema venezolano y no el cubano. El senador de origen cubano Marco Rubio encontró que la clave electoral es extender la lógica anticastrista al chavismo, y se la ha compartido a Trump, a tal punto que éste adoptó la fórmula del castrochavismo. En las elecciones de medio período dijo que las políticas de los demócratas llevarían a una Venezuela, y ahora tiene como bandera asustar con el socialismo.

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