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Canas en la lengua

21 de abril de 2018 - 12:30 a. m.

El debate del Teatro Fundadores en Manizales es, hasta ahora, uno de los momentos más difíciles de la campaña presidencial 2018. Y no se trató solo de “jóvenes agitados”.

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El evento al cual asistieron Iván Duque, Gustavo Petro, Germán Vargas y Humberto de La Calle, debió ser suspendido por las agresiones y cadenas humanas que impidieron el ingreso de algunos candidatos. El debate se realizó después, a puerta cerrada

Fueron dos los detonantes de la indignación: el aforo del recinto y sus integrantes. El Fundadores se llenó: 383 personas en el palco, 850 en la luneta y 300 en platea. En Mañanas Blu, Federico Restrepo, director de La Patria, uno de los medios organizadores, explicó que 30 % de la asistencia correspondió a entrada libre (quien primero llega, entra) y 70 % se distribuyó en 110 boletas para las comitivas de cada candidato y miembros de la administración (funcionarios).

Un debate que debió ser para bluyines y tenis terminó en corbata y tacones. ¿Para qué convocaron a los universitarios si privilegiarían a los politiqueros de siempre?

Mientras los manzanillos desfilaban por la pasarela, en Twitter, Vargas Lleras toreaba a Petro. No tardó en embestir. Los candidatos, protegidos por sus esquemas de seguridad, azuzaban a los jóvenes de afuera, quienes con celular en mano parecían reproducir la disputa virtual en la escena real.

“Los muchachos gritaban que querían a Petro, que sin él no había debate”, dijo Nicolás Restrepo. Agregó que los manifestantes eran “agitadores profesionales” (como si atizar la leña desde Twitter no fuera “agitar”… ni “profesional”). Que a “la Policía le quedó grande la seguridad”.

Adentro, según algunos asistentes, era evidente la presencia mayoritaria de simpatizantes del Centro Democrático.

En su editorial, La Patria reconoció las falencias de la organización y concluyó: “aprendimos que para próximos eventos de este tipo, infortunadamente, tenemos que pensar en recintos cerrados y solo con transmisión por los medios de comunicación”.

El debate en el Fundadores tenía que ser suspendido por la seguridad colectiva, no hay duda. No obstante, ¿fallan la convocatoria, la logística, la autoridad, estos remedos de “estadistas” —enloquecidos con un Smartphone y una cuenta de Twitter— y la solución es cerrar las puertas para los debates venideros? La excusa de la transmisión niega a los estudiantes cualquier posibilidad de participación real, de presencia física.

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¿Por qué Barranquilla sí pudo?

No intento justificar los comportamientos violentos, pero lo que sucedió en Manizales no es consecuencia exclusiva de unos jóvenes furiosos. Este es el resultado de un país que desde hace décadas ha sido polarizado por políticos, viejos con más canas en el discurso que en la cabeza, que se reencauchan en cuerpo ajeno, que se niegan a entregar la antorcha, a soltar el poder (personal, familiar, partidista) y ahora se las dan de “sorprendidos” por los bríos estudiantiles.

“La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere”, diría Jean Cocteau: solo por eso, los universitarios son imprescindibles.

Todos tenemos mucho por corregir.

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