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Cicatrices de élite

19 de julio de 2013 - 06:59 p. m.

Según la revista Forbes, Kristen Stewart (protagonista de la película Crepúsculo) es la actriz mejor pagada del mundo. ¿Acaso sus interpretaciones son comparables con las de Helen Mirren, Emma Thompson, Judi Dench (y un breve etcétera)?

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La asociación es tan absurda como considerar que existe una relación directa entre el precio de la pensión de un colegio y la calidad de la educación que imparte. Stewart gana cantidades astronómicas y algunos colegios son desmedidos en sus mensualidades por la misma razón: son productos de un mercado.

¿Cuál es la alharaca porque los llamados “colegios de élite” no puntean en el escalafón de calidad Icfes según las Pruebas Saber?

En países como Colombia, con mucho trecho por recorrer en el campo educativo, uno de los primeros criterios a considerar para elegir un colegio privado suele ser el costo: los padres de familia escogen de acuerdo con su presupuesto.

A los ingenuos que todavía piensan que el “bono” de ingreso desapareció de los colegios privados, los invito a que indaguen en los eufemismos y demás estrategias de camuflaje: sigue invicto como método solapado para profundizar la brecha social.

Resuelto el asunto del bolsillo, entran otras variables, como calidad académica, formación humanística (arte, ética, civilidad), idiomas, deportes, ubicación, etcétera. El escalafón del Icfes no es primordial: quien paga $32 millones al año en un colegio se preocupa más por los exámenes de admisión de las mejores universidades colombianas (cuyas exigencias en Pruebas Saber suelen ser moderadas) o, tal vez, los resultados de los GMAT (Graduate Management Admission Test).

Los colegios de élite tienen un desafío superior a las Pruebas Saber.

¿Qué es más preocupante: ubicarse en el lugar 62 entre los colegios de calendario B (Pruebas Saber 2012) o contar entre sus exalumnos a Álvaro Dávila, Samuel e Iván Moreno?

Interesante reflexión para el colegio Anglo Colombiano.

Si comprendiéramos lo que significa la educación personalizada, no adoptaríamos este ejemplo como una generalización irresponsable: ¡cada alumno y egresado tiene el poder de replicar un modelo de conocimiento… y de ética!

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Ese es el riesgo que se asume cuando se conjugan la frágil condición humana con la ambición de “educar” masas y el afán de lucro. La formación humana la ofrece la familia, de acuerdo, pero el ambiente escolar siempre ha jugado un papel fundamental.

La burocracia administrativa ha convertido a los rectores y profesores de algunos colegios en tecnócratas obsesivos, que insisten en chulear casillas de logros académicos, deportivos y de infraestructura, mientras la formación humana de sus pupilos se escurre por el sumidero.

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Calidad académica no equivale a calidad educativa; es sólo un término de la ecuación. Los colegios de élite se niegan a aceptar que tienen cicatrices más profundas que un lugar indecoroso en el escalafón del Icfes.

Mientras predomine el discurso del “mercado educativo” los colegios de élite seguirán siendo como una carterita de marca: un costosísimo bien simbólico… un banal accesorio de exhibición social.

 

* Ana Cristina Restrepo Jiménez

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