Es frecuente la asociación entre reporteros y sabuesos por aquello del “olfato periodístico”. El oficio del periodista se asemeja a una imagen publicitaria, icónica, de una marca de bronceadores: en la playa, un perro hala el calzón de baño de una niña y la deja al descubierto…
¿Qué mira el espectador? ¿La piel bronceada o allí donde no llegan los rayos del sol?
Las estrategias de distracción, propias de los políticos, continúan como las grandes aliadas de la corrupción en tanto nos mantienen a los periodistas (y a la opinión pública) concentrados en el presente, desligados del contexto.
Hace casi cuatro meses fue difundido que, siendo servidor público y sin contar con las autorizaciones legales, en el año 2014 el actual director de Planeación de Antioquia, Carlos Mario Montoya, intervino una finca de su propiedad y la convirtió en un centro de eventos abierto al público.
Hoy, Montoya denuncia que Élkin Afranio Chávez, inspector urbanístico, y Diomer Montoya, técnico urbanístico, habrían dilatado el proceso de expedición de la licencia para generar una investigación en su contra. En unas grabaciones realizadas por su abogado, dichos funcionarios le exigen dinero para esquivar el pago de sanciones millonarias.
¿Acaso este hecho, gravísimo, elimina las respuestas que todavía debe Montoya sobre su proceder?
No es el único…
El gobernador, Luis Pérez, propone Vicealcaldías militares en Antioquia para conservar la “institucionalidad”; ¿olvidará que durante su Alcaldía autorizó la Operación Orión? El gobernador insiste en proclamarse como “defensor de los derechos humanos”, mientras decenas de familias buscan a sus seres queridos, desaparecidos en el operativo que ocurrió hace 14 años. En La Escombrera buscan restos humanos, posibles pruebas de crímenes de Estado.
Que pase el siguiente.
Juan Carlos Vélez confesó el engaño a los sufragantes. Con el periodismo concentrado en la metódica labor de quienes desestabilizan al país, la opinión pública sigue sin conocer la grabación completa de la extensa conversación entre la periodista de La República y el involuntario judas del Centro Democrático.
Los últimos serán los primeros…
En abril, el contralor de Antioquia, Sergio Zuluaga, ingresó al hospital público La María para que le practicaran una cirugía estética. El gerente de ese hospital, William Marulanda, acaba de renunciar a su cargo: no solo avaló el procedimiento quirúrgico del contralor; también permitió que a sus hermanas les hicieran cirugías estéticas en el mismo hospital. Al margen de la discusión en torno a los tipos de procedimientos autorizados en esa entidad y si fueron pagados o no a “precios justos”, ¿qué hubiera sucedido si un paciente, del POS, en riesgo de muerte, hubiera requerido esos quirófanos?
El contralor, cuya función es —entre otras— auditar esta entidad, dice que eligió La María porque ofrece las garantías necesarias y prefiere pagarle ese dinero al Estado y no a unas entidades privadas. Según Zuluaga, sus documentos de hospitalización —que consignaron una prostatectomía en lugar de una liposucción, el verdadero motivo de la intervención— son producto de un error (¡!).
Tratan de tapar sol: y Colombia pendiente del bronceado.