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En pañales

28 de marzo de 2014 - 09:41 p. m.

Hay una conversación recurrente, ambigua e hipócrita que los adultos solemos sostener en torno al significado de la niñez.

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Por un lado, está la ola que insiste en fomentar “el niño interior” ?la cual con frecuencia se traduce en darle rienda suelta al bobo que nos habita? y, por el otro, la consabida corrección política que pregona que “los niños son el futuro”, como si carecieran de un presente. Se les valora en tanto proyecto “útil”.

Asumimos que aquello de la “primera infancia” (cero a cinco años) es una etapa de instrucción, corrección y trajín físico: cambio de pañales, limpieza de vómitos y persecución ?individual y por equipos? escaleras arriba y abajo.

Culturalmente, la crianza es mirada como un oficio menor, secundario. De hecho, en algunos países del primer mundo, los hombres están renunciando a sus licencias para paternar. Es casi imposible apartarse de la óptica naturalista para la cual el cuidado del bebé es una actividad exclusiva de las mujeres (amas de casa, nanas asalariadas, abuelas y tías alcahuetas) que no requiere preparación y se limita al ámbito doméstico.

Si bien en 1962 surgieron los jardines adscritos al Ministerio de Educación Nacional; en 1969, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar; y en 1986, los hogares comunitarios; Colombia apenas empieza a pensar con rigurosidad el diseño de políticas para la primera infancia.

En el marco del foro “Reflexiones sobre la política de atención integral a la primera infancia, de Cero a Siempre”, el ministro de salud, Alejandro Gaviria, planteó una reflexión pertinente sobre el posible vínculo que podría existir entre el desastre de las Pruebas Pisa y el descuido de la primera infancia.

¿Cómo establecer tal nexo desde arriba, en el diseño de políticas públicas, si ni siquiera en el hogar tenemos claridad sobre la importancia de esta etapa de la vida? ¿Cuántas personas piensan con detenimiento en el desarrollo del lenguaje en el niño antes de los tres años?… ¡¿A quiénes les preocupa el desarrollo del lenguaje?!

En el mismo evento, Pia Rebello Brito, jefa de la Unidad de Desarrollo Infantil Temprano de Unicef, recomendó el acuerdo de normas comunes a escala territorial para el manejo de políticas de primera infancia (casi todos los panelistas coincidieron en la trascendencia del concepto de territorio para diseñar e implementar cambios), la inversión en un sistema de estandarización para la medición de resultados, y el empoderamiento de los padres de familia como actores políticos, que reclamen desde las urnas programas y soluciones para los niños. (¿Cómo podemos exigirles a los políticos cuando no conocemos el método pedagógico ni el nombre de la profesora del pre-escolar donde educan a nuestros hijos? ¿Cómo evaluar a una madre comunitaria cuya formación en pedagogía se basa en su propio instinto?).

Enfrentamos un problema de arraigo cultural. Tanto las Pruebas Pisa como los niños que limpian parabrisas en el semáforo nos revelan lo mismo: la primera infancia es el último renglón de nuestras prioridades.

 

*Ana Cristina Restrepo Jiménez

 

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