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La cruzada anti-vacuna

23 de octubre de 2015 - 03:12 p. m.

A mi hija no la vacunaron en el colegio contra el virus del papiloma humano (VPH). De las niñas de su curso —tres salones mixtos, alrededor de 40 alumnas—, sólo cinco fueron vacunadas durante la jornada.

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La enfermera del colegio dice que tres días antes del día de la vacunación, la Secretaría de Salud del municipio donde se ubica el plantel envió una notificación para obtener los datos de las niñas de cuarto primaria y la autorización escrita de sus padres. Las familias supimos el día anterior a la visita de los vacunadores…

La viruela fue erradicada de la faz de la Tierra por el ser humano. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 1960, la viruela mataba a casi dos millones de personas cada año. El último caso de la enfermedad se registró en Somalia, en 1977.

¿Qué tal si hace tres décadas hubieran vacunado contra la viruela sólo bajo consentimiento explícito?

Como lo informa la página web del Ministerio de Salud, en esta campaña masiva de vacunación contra el VPH opera el disentimiento y no el consentimiento; es decir, si por cualquier razón los padres de familia no quieren que su hija sea vacunada deben dejar constancia. De lo contrario: se aplica la vacuna.

(Los niños también pueden ser vacunados, pero sin cubrimiento de Minsalud).

¿Actúan bien los vacunadores al exigir un consentimiento? Si en algunos años una de las compañeras de mi hija que se quedó sin vacunar, y de no existir disentimiento escrito, sufriera cáncer de cuello uterino, ¿no podría demandar al Estado por haberle negado en el espacio escolar una vacuna que era su derecho? ¿Cómo están preparando a los colegios e instituciones educativas para proceder con estas campañas?

No podemos reducir la discusión a que “el vacunador necesitaba saber cuántas dosis aplicaría para cargar sólo las necesarias”. ¿Existen errores de procedimiento por parte del vacunador? Sería una lástima que esta campaña preventiva fuera desterrada de los planteles educativos, pero las fallas actuales son evidentes.

El movimiento para evitar que las niñas sean vacunadas contra el VPH ya tiene trazos de cruzada. En Colombia, frente a esta vacuna se observa la confluencia de tres fenómenos: el movimiento global anti-vacunas, el machismo ancestral y las creencias religiosas que parecen asumir que vacunar a una niña representa un “incentivo” o “autorización” para el inicio de su vida sexual.

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Esta semana llevé a mi hija a la EPS. Tan pronto le inyectaron la primera dosis de la vacuna, la enfermera le recomendó acostarse diez minutos y que, en caso de dolor en el brazo (fue mínimo), se aplicara apósitos de agua fría. Un par de horas después, la niña sufrió mareos pasajeros. Hoy está perfectamente bien.

Las diversas formas de resistencia a la vacuna contra el VPH juegan con la salud pública. Y si las hubiera desde el sector público, esos funcionarios deberían recibir sanciones ejemplares.

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