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Manual de brega

24 de marzo de 2017 - 09:00 p. m.

Por nuestra mesa de noche pasan libros fáciles de digerir, efímeros. Este no es el caso de Mujeres que dicen verdades. La obra periodística de Alejandra de Vengoechea no culmina en la última página (menos aún si la lectora es mujer, periodista, y ejerce en Colombia).

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Se trata de seis perfiles en los cuales el oído atento de la entrevistadora no deja hilo suelto. Las voces de algunas de las periodistas más destacadas en el país no solo revelan diversas formas de ver el mundo y estilos de ejercer el oficio, también recorren nuestra historia reciente. Son espejos de miedo, vergüenza, orgullo, valor, yerros, maternidad, soledad, solidaridad…

La autora comienza con el monumento: Patricia Lara. “Me gusta joder el poder”, dice la decana del periodismo colombiano, otrora compañera de fórmula presidencial de Carlos Gaviria Díaz; la misma que ha pasado por carcelazos, exilios, amenazas, y una maternidad de malabares… apenas “normal” para cualquier reportera.

A través de María Elvira Samper hablan varias generaciones. Su madre, Lucy Nieto de Samper, “logró que todos [cinco hijos] fuéramos profesionales a punta de escribir en una máquina Olivetti”.

Juanita León, fundadora de La Silla Vacía, dice más con lo que calla. Habla bajo la sabia condición de no referirse a lo privado. “Uno se imagina la vida que quiere y la hace”. Evoca la trágica historia de sus bisabuelos, su tesis de grado sobre la calle del Cartucho o su cercanía en Los Andes con otra mujer fuera de serie: Julieta Lemaitre.

Silvia María Hoyos es “la verraca”. La que, con cinco meses de gestación, encaró la amenaza de un sicario apuntándole al vientre. La que intercambió correspondencia con Pablo Escobar. La que lleva el olor de la muerte de Héctor Abad Gómez. La que entrevistó a un moribundo para reivindicarse con su jefe, Juan Gossaín.

“La liberación femenina es un proceso que ha hecho a la mujer sobreexigirse, sobrecalificarse y a ese nivel de exigencia tan absurdo —lamenta Hoyos— no le veo nada de liberador”.

Olga Behar iba a pasar a la historia como la colombiana que entrevistó a Arafat; pero se superó a sí misma: sentó a Santiago Uribe Vélez en un despacho de la Fiscalía. “Siempre pensaba que no me iba a pasar nada”.

Con Salud Hernández-Mora, De Vengoechea habla de tú a tú, como corresponsales de guerra que entrevistaron mujaidines, se envolvieron en burkas e hicieron lo inenarrable por conseguir una historia. Cómo dudar de la sinceridad de la española: “Me gustaban las patrullas romanas porque las dirigían mujeres inteligentes”.

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Además de las seis entrevistadas, otras grandes periodistas se asoman entre líneas, como María Teresa Ronderos, Silvia Duzán, Astrid Legarda, Ilia Calderón y Yolanda Reyes.

Sin heroísmos ni adulaciones, sin concesiones ni consignas, la autora destaca el poder de lo femenino en un oficio que apela a dos grandes virtudes ancestrales de las mujeres: narrar el mundo y proteger a la tribu.

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Alejandra de Vengoechea, Mujeres que dicen verdades, Bogotá, Semana libros, 2016.

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