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Busco cínico

15 de mayo de 2014 - 11:04 p. m.

¿A cuál género teatral pertece esta obra de dos fieras heridas que exhiben su impasibilidad para convencer al público que nada los está perturbando…?

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La representación es una fábula de la infamia con Álvaro Uribe Vélez de un lado y J.J. Rendón como asesor del candidato Juan Manuel, del otro. No hay golpe que no sea bajo en una campaña electoral que volvió regla jugar sucio y se reencuentran en la escena dos que por error se llaman cínicos y que logran el efecto de capturar la atención inmediata del país. En eso están entrenados los dos impasibles que responden con cara de piedra los cargos que se les imputan. Al lado suyo los otros oscuros operarios de la tramoya parecen aprendices.

Álvaro Uribe Vélez ha conseguido en su largo historial político que tengan que responder por sus actos sus subalternos, pero nunca él mismo. J. J. Rendón va en el filo de la navaja de la ilegalidad como equilibrista. El primero está habituado a citaciones y audiencias como parte de su oficio de experto en propaganda política. Pero a pesar de sus caras imperturbables (fachada de la fiera enjaulada) ninguno de los dos es cínico porque este insulto usual es lo opuesto a lo que son los que lo son en serio.

En la historia los cínicos querían ser una respuesta individual a la incertidumbre que se vivía en uno de los períodos griegos de crisis. Expresaban malestar y descontento y querían librarse de los caprichos de la fortuna para inclinar al individuo hacia la felicidad. Para los verdaderos cínicos no era un camino fácil entrenarse en llegar a la plena autonomía moral y física. Y propiamente no caben en esa escuela de la renuncia material Uribe y J. J., dos ávidos del poder material y político que son artistas en salirse por la tangente y gobernar la atención pública.

No tienen estos dos otra disposición que la inmediata ambición. Adolecen de conceptos como tenían los cínicos: Diógenes, Antístenes y sus seguidores o posteriores como Voltaire, Swift, Russell, Twain, Wilde y otros más que han escudriñado con ironía para delatar los reales intereses de los hipócritas y los falsos.

Lo peor ahora es que prevalece el truco y la maña, y sientan pedagogía. Estamos anestesiados por las vías de hecho que se han impuesto y a este estilo pérfido se están sumando muchachos que rentabilizan su adrenalina, las hormonas y la capacidad de fanatismo en una causa que suponen suprema e impoluta, como el hacker Sepúlveda, que se veía héroe a sí mismo. Lo que se está ambientando en esta obra es el populismo cuya dictadura irá a fondo sembrada en el infantilismo político.

Con el llamado de los cuentos de que ahí viene el lobo, se arrastra a la mayoría de incautos, los mismos que se creen dotados de viveza y malicia indígena, por una salida de emergencia sin retorno. Allí en ese escenario habremos elegido el abuso de poder como el desahuciado que acepta entregar su autonomía al primero que le prometa salvación.

Desconfío de aves agoreras, pero veo avecinarse un temporal. Lo peor es que no es tan pasajero porque anuncia establecerse. En el horizonte se anuncia un insaciable que se cree eterno dueño de esta tierrita y estos huesitos.

Y como para diferenciar a los cínicos de los sin hígados, el cínico es un hombre que conoce el precio de todo y no da valor a nada, dice Antístenes. Para Oscar Wilde el cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean.

Votaría por encontrar un cínico.

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