HAN PASADO EL FUROR DEL PULPO pronosticador, la mala índole ingrata de Íngrid, las siete diferencias entre Uribe y Santos, el eco de las vuvuzelas, el pasmoso derrame de petróleo que no cesa en el Golfo de México de la BP para el planeta entero, y ahora vibran los clamores de la celebración de los 200 años de las independencias, a las que les han subrayado un plural para confirmar que se han dado en Colombia en cada parte de distinta manera, y que queda pendiente por emprender una Independencia con mayúscula y en singular.
De tanto bullicio en los oídos después de que el mundo se alineó detrás de un balón de fútbol durante un mes, queda sonando un curioso récord que ha traído un instrumento tecnológico a caballo entre los siglos 20 y 21, el mayor cambio de hábito. Tanto se modificó el ambiente de la casa y de la oficina con aparatos que añadían facilidades a las faenas diarias, que parece raro que sea un teléfono móvil la gran revolución individual que se ha tomado a la humanidad, a juzgar por su multiplicación.
Martin Cooper tiene 92 años, nació en Chicago y en 1973, trabajando en la Motorola, usó por primera vez un celular. Ya fue premiado con el Príncipe de Asturias por este alcance de la modernidad, cuyo desarrollo futuro es impredecible como el más pequeño computador portátil posible, conexión a internet permanente y tener derivaciones en la salud para prevenir dolencias y medir funciones, por ejemplo.
Pues no se imaginó Cooper que hoy llegaríamos a cinco mil millones de líneas existentes y diez mil millones de aparatos vendidos (de los cuales ya más de la mitad son basura tecnológica contaminante). Lo más asombroso es la velocidad a la que crece esta dependencia que hemos creado: mil millones de conexiones a celulares se han hecho sólo en el último año y medio y para 2012 se calculan seis mil millones en total, que serán muchas más que el número de computadores. Sin duda esto tiene que ver con el apoyo del teléfono en la internet, pero también con la seguridad que produce poder comunicarse desde cualquier lugar en el que se esté con alguien conocido en un mundo cada vez más inseguro y donde son cada vez más los seres nómadas.
Pero lo interesante es saber cuál es la narrativa y la dramaturgia que impondrán los celulares por la forma como su comunicación instantánea hace que vivamos y contemos en tiempo real lo que nos ocurre, con el añadido de fotografías, de mensajes, de correos. Si ya la cinematografía se distingue cuando en una película no hay celulares porque luce prehistórica, en adelante tal vez habrá que contar en los diálogos lo que los actores están diciendo en sus chats.
La sensación extraña se desprende en las calles de cualquier ciudad actual o en los paisajes más distantes por los cientos de miles de orates que hablan solos y esta es la prueba de cómo ha cambiado el comportamiento individual y el masivo este teléfono personal, portátil e imprescindible.
Aunque acusan al aparato de ser peligroso como herramienta de atentados terroristas, también ha hecho sin duda desistir a muchos de consumar un crimen por la defensa que implica tener una alarma a mano. Este enorme negocio crece en India y en China más que en ninguna otra parte; conecta la antigua necesidad de sentirse acompañado con una libertad individual de la vida moderna. ¿Y cómo era todo antes?