Desalentador el horizonte electoral con los acontecimientos de autoridades militares que quedaron al trasluz en igualdad con tramposos, delincuentes, corruptos, al usar dineros públicos que ruedan en aras de la guerra y se fueron yendo a inescrutables bolsillos militares con cinismo de mafiosos. Pero hago a un lado el tinglado del dañino ministro de la Defensa para ir a otro en el que la legalidad y la ilegalidad se disputan un territorio por años abandonado del Estado.
El tema es la represa de Hidroituango, que producirá el 17% de la energía de Colombia. Desde 1960 se habla de este lugar estratégico en el nudo de Paramillo, donde guerrillas y paramilitares encontraron una salida al Atlántico, otra al Pacífico, un pie en Antioquia y otro en Santander. La llegada del Estado se logra con una sociedad entre EPM, la Alcaldía de Medellín, la Gobernación de Antioquia y el IDEA, Instituto para el Desarrollo de Antioquia. Ellos bastan para invertir durante cuatro años $1,6 billones repartidos en 12 municipios, para educación, salud, acueductos, vías (120 kilómetros ya están pavimentados) y un presupuesto participativo en el que se están escogiendo activamente prioridades con un interés que no tuvieron nunca los habitantes al elegir a alguien.
Este monto está previsto en el Plan de Manejo Ambiental, pero además de lo obligado suman US$100 millones más para desarrollo de la zona. Se trata de potenciar a las comunidades y mantener a los residentes en su lugar, pero el problema es que entre los que sí vivían allí de la minería o de la arriería antes del proyecto, se colaron invasores que alegan haber estado y no haber sido censados. Y no hay ley clara ni entidad con peso jurídico para dirimir.
Desde la primera experiencia en 1971 en El Peñol, con la represa, cuando una población entera salió para tener que devolverse luego a un nuevo pueblo entregado por EPM, mucho ha pasado. Allí, cuando les pagaron a los campesinos el valor de su tierra, se iban a la ciudad y lo perdían todo. Casi no vuelven. En Porce II se censaron 210 familias y se logró restituir allí mismo a 119. En Porce III fueron 454 y se quedaron 170. Aquí en Ituango el censo son 184 familias que incluyen a 1.400 mineros que vivían del río Cauca. Buscan que todas permanezcan creando nuevos ingresos económicos.
El increíble reto de ingeniería que visualizó hace 60 años un legendario profesor en la Escuela de Minas, José Tejada Sáenz, es el desvío del río Cauca para que la represa genere en 2022 una potencia de 2.400 MW, con lo que podrán rebajarse los costos de las tarifas para el consumo eléctrico nacional. Eso afirma Carlos Mario Méndez, una autoridad de EPM. Pero lo más diciente, además de desviar un tramo de las aguas, es haber hecho que Ituango, Briceño, Toledo, San Andrés de Cuerquia, Yarumal en el norte y Santa Fe de Antioquia, Olaya, Liborina, Peque, Buriticá y Sabanalarga, en Occidente, participen en una inversión pública sin tapujos, con plena decisión y priorización ciudadana, sin que medie mermelada ni ratoneras como las que han destapado los hechos recientes. Y a los armados que imperan allá les quedarán desarmados la amenaza y el reino.
Ojalá pudiéramos escoger el Gobierno que sigue y que tenga tantos ojos puestos encima como los que ha tenido Hidroituango, para sacudirnos por fin del abuso general al que venimos siendo sometidos.