MURIERON EN LA SEMANA PASADA la representante a la Cámara Sandra Ceballos y la artista Ethel Gilmour. Ambas padecieron un cáncer. Las dos, mujeres con una vitalidad arrolladora, tenían en el placer de vivir una conexión con los demás.
Prevalece la sensación de que el cáncer de seno tiene dimensiones de epidemia porque cada vez es más frecuente su aparición. Y a partir de estas muertes prematuras, el consenso apunta a reforzar la idea de invencibilidad del cáncer, de su avance implacable en esta década, como fuera el del sida en la de los 80. El registro actual señala casi 1.500 muertes anuales producidas en Colombia por causa del cáncer de seno.
Los casos de muerte de mujeres conocidas como ellas alientan el miedo y la negación como la postura más común. Miedo que produce una actitud paralizante. Los medios advierten de vez en cuando sobre avances científicos, pero no han asumido una dirección clara sobre el cáncer que propenda por la profilaxis, por la prevención tranquila y el conocimiento frente al embate.
En cambio han conseguido expandir una visión terrorífica sobre la palabra “cáncer”, con un poder inhibidor, a pesar de la búsqueda de fundaciones nacionales e internacionales que divulgan una ilustración esperanzadora y a la vez tratan de multiplicar los diagnósticos y consiguen para su causa figuras que han tenido cáncer de seno como prototipos: Soraya, o Kylie Minogue, multiplicando la idea de hacer un frente común.
Muchas mujeres decidimos mantener en privado esa cornada y buscar el camino para combatirla por nuestros propios medios y los de la medicina, temiendo que pueda resultar peor la conmiseración ajena al hacer a los otros aflorar todo el miedo que albergan para depositarlo en uno. Pero esta actitud silenciosa desaprovecha el aprendizaje logrado para contribuir al control del avance de la enfermedad.
La muerte en Colombia de Sandra Ceballos, después de luchar más de cinco años contra el cáncer de seno, es una mala noticia para las más de 6.500 mujeres colombianas que cada año reciben el diagnóstico. Ella lo volvió una campaña pública y creó una fundación para acompañar a las mujeres que lo tienen, lo sobrepasaron o que buscan prevenirlo. La llamó Ones, seno al revés, como una manera de leer de otra forma lo que suena como un desahucio. La fundación Ones continúa ahora su tarea sin ella.
Hoy, cuando son muchos más los diagnósticos y también muchos más los tratamientos posibles, mayor la supervivencia, sigue siendo el cáncer de seno una amenaza. No hay claridad conceptual sobre cómo encararlo. La campaña que emprendió la marca de ropa interior Leonisa procura hacer del tema una invitación al autocuidado y promueve la labor de pasar por el tamiz de mamografías al mayor número posible de mujeres colombianas a través de una empresa de salud como Susalud. En su reciente etapa buscaron a Paola Turbay como imagen reconocible de esa que había sido una anónima advertencia con el logotipo de un torso al que un seno lo reemplaza un corazón.
Es inexistente hasta ahora la consecución de testimonios de quienes han sobrevivido al cáncer, como no sea algunos para el propio día del 19 de octubre cada año, establecido para la lucha contra el cáncer de seno. Se hace prioritario multiplicar los testimonios reales porque es necesario conocer de primera mano en qué consiste la prevención, el tratamiento, las características del cáncer en el seno. Y ése es el principal argumento para saber que hay vida después de él. Y que no hay batalla perdida.