El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Héroe urgente

23 de agosto de 2012 - 06:29 p. m.

Los héroes son estatuas de bronce oxidado o láminas desteñidas en textos escolares, pero no son las encarnaciones de seres valientes y frágiles, humanos y sabios, necesarios para alentar el aprendizaje de vivir mejor. Y a esta ausencia de figuras súmese la inclinación al olvido y la debilidad por los pillos, lo cual no es una gran lección a la mano.

PUBLICIDAD

Pero es destacable que, con el pretexto de contar la vida del delincuente más mitificado de Colombia, hayan salido a la luz, para unos ojos nuevos y sorprendidos, personajes que tuvieron una generosa y honrosa vida, por oposición a la corrupción, al dinero fácil, a las armas y a las drogas. Hoy hay muchachos de 20 años que no pueden creer que ese país que ven en la serie de televisión Escobar, el patrón del mal sea el mismo que ellos han vivido y están viviendo. No porque no existan ahora narcotraficantes, paramilitares, matones y atravesados, que los hay idénticos y peores, sino porque existieron personas como Guillermo Cano, Rodrigo Lara, Luis Carlos Galán y jueces, procuradores, policías, gobernadores, profesores universitarios que defendieron unos principios que alentaban sus vidas hacia la convivencia, la libertad y el respeto.

Al conmoverse los que no conocieron a Guillermo Cano, es clara la estatura que tiene quien sigue vigente una generación después, dada su condición humana exenta de ambición, vanidad y venganza, que son resortes que mueven tantas existencias desdeñables.

En medio de todo, con motivo de la codicia de las audiencias, se llega a remover la corta memoria de los que creen que el mundo comenzó esta mañana y piensan que da lo mismo todo acto si es “exitoso”. En esta marea ven la luz, en cantidades considerables, libros como La parábola de Pablo y la invaluable reconstrucción publicada Tinta indeleble. Guillermo Cano, vida y obra. Si bien la primera es una investigación de hace más de 12 años hecha por Alonso Salazar, posterior alcalde de Medellín, el libro sobre Cano fue encomendado por la fundación que lleva su nombre a tres periodistas que miran tres ángulos de una vida paradigmática en el pálido panorama periodístico actual en Colombia. Contar la historia política violenta y censurada en la que tuvo que templarse este hombre, salido de una familia de periodistas independientes, valientes, provisto él del bachillerato y de un aprendizaje humilde y hondo de los colosos de la escritura que rodeaban a El Espectador, fue tarea encomendada a Jorge Cardona. En este fragmento queda claro cómo las amenazas no disuaden el propósito íntimo de informar y servir al país que Guillermo Cano sentía suyo. A Carlos Mario Correa le correspondió mostrar cómo la narración, la visión personal de los hechos, el cuidado del detalle, llevaron al escritor periodista a conjurar el paso del tiempo. Y a Mariluz Vallejo mirar cómo en los editoriales y en los comentarios el director del periódico blandía la defensa de la libertad, la oposición a los corruptos y el aliento a nuevas ideas, fueran ellas descubrir talentos o permitir que se ensayaran vías políticas como la paz inédita. Él creyó siempre en un periodismo que estuviera nutrido de cultura, de estética, de respeto, de buen juicio, y desprovisto de sensacionalismo o adulación. La antología escogida es lección para estudiosos de la información, y para los que quieran repasar lo ocurrido en este país descuadernado, y desentrañar su decadencia. El libro descubre un héroe cercano, vivo, honrado, que le mostró a Colombia con sus palabras limpias lo que ocurría y anticipaba con visión entrenada, lo que iba a pasar si nos desentendíamos del engendro que incubábamos entre todos. Un héroe urgente.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias