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Móvil y disponible

16 de octubre de 2008 - 09:06 p. m.

25 AÑOS TIENE EL IMPRESCINDIBLE que llegó después del computador personal, pero ha logrado modificar la vida cotidiana más que ningún otro medio. El invento del celular lleva 35 años, más de una generación, pero sólo 25 de ser comercial.

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La primera llamada la hizo Martin Cooper, su inventor, en Nueva York en 1973. Y el primer propietario en 1983 fue David Meilhan: un celular de 1.200 dólares, un kilo de peso, 33 centímetros de alto por 9 de ancho y 5 de grueso, con batería para una hora.

Esta remota imagen no tiene relación con la multiplicación exponencial de los celulares, que en el mundo se acerca a los 4 mil millones de usuarios y en Colombia a casi 36 millones, a pesar de llevar implantado aquí sólo unos 15 años. Esta expansión imprevista ha obligado al teléfono a ser portador de voz, mensajes, video, música, correos electrónicos, bancos, radio, fotografías, noticias, directorios y hasta guías satelitales. Está todavía por desentrañar cómo logra ser tan poderoso y qué certeza da su posesión para resultar de primera necesidad.

Si bien desde hace 17 años internet puso a mano la información para buscar nombres, documentos, transacciones, lugares, eventos, boletas, reservaciones, tiquete y con el correo electrónico movernos entre distancias y tiempos con una fluidez inusitada, la red no predomina sobre la vida contemporánea tanto como el teléfono móvil. La comparación habla: 12 millones de usuarios de internet en Colombia y mil 408 millones en el mundo, mientras en telefonía móvil Colombia va por los 36 millones y el mundo por los 4 mil millones.

Si antes los medios eran instrumentos para masificar la información, la revolución llega con la comunicación individual. La expectativa de estar disponible en un mundo donde la simultaneidad es obligatoria. El teléfono móvil modifica el lenguaje para dar abasto a la cantidad de asuntos que ahora se hablan y que antes se hacían en reserva. Ahora ocurren en público. Las relaciones son distintas, al minuto, al detalle: la presencia se reemplaza. Es habitual preguntar dónde está la otra persona, qué está haciendo, cómo está el clima y qué pasa por allá. Las reuniones, los pedidos, los controles, los cambios, son transmitidos en tiempo real. En un solo momento se mezclan los asuntos más disímiles. Produce esta convergencia una inclinación a mentir para acomodarse al requerimiento.

Hay consumidores capaces de tener tres o más aparatos. Las películas las datan los celulares. Los niños dominan el pulgar al dedillo. La vida diaria está poblada de tonos y timbres. Antes eran sonidos identificables y ahora es una jungla donde cada dueño reconoce su señal. La excepción son el avión, el ascensor, el sótano o el desierto. Las calles están llenas de personas que hablan solas, que miran al vacío. Los conductores atienden más al oído que a sus reflejos y el tráfico en las ciudades trata de sancionar el peligro. El negocio de minutos para llamar es una venta ambulatoria.

Cuando en 1983 David tuvo el primer celular, no era calculable lo que venía. Llegaron blogs, chats y la necesidad de vivir la vida privada en directo con otros. El teléfono móvil creó una realidad portátil, simultánea, en la que se vive una constante transmisión. Otra realidad desconcentrada pero imprescindible.

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