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Permanencia de los periódicos

08 de enero de 2009 - 09:01 p. m.

UNA BATALLA CAMPAL ESTÁ PLANteada en la supervivencia de los periódicos más reconocidos en los Estados Unidos sobre lo que parece anunciarse como su reemplazo: la información virtual.

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Las dificultades económicas que en el 2008 tocaron a venerables instituciones como el New York Times y al otro lado del Atlántico a un periódico récord como El País de España, que optó por reunir a unos sabios para navegar sobre las posibilidades por venir, todo ello confirma los ajustes a los que lo escrito está siendo sometido ante la avalancha de soportes tecnológicos y de informaciones alternativas que llegan al ciudadano común.

No solo los blogs, los foros, los reporteros espontáneos, los celulares adaptados como receptores y emisores de información, los ultra portátiles computadores con conexión constante sino también las cambiantes necesidades de los consumidores, han replanteado lo que ha sido la columna  vertebral del periodismo. Las historias bien escritas y los medios impresos han sido en los siglos recientes, el paradigma de respetabilidad para un oficio cambiante y múltiple, la comunicación social y de masas. Aún con la simultaneidad y versatilidad de la radio y la televisión, la seriedad y la interpretación de los hechos han permanecido como el territorio de lo escrito y lo impreso.  Alrededor del transporte público como el metro y los trenes en las grandes ciudades persiste la imagen proverbial de quien tiene en el periódico o la revista su compañía constante, ahora reemplazado en nuevas generaciones por el I pod y el celular como conexiones funcionales que llenan con música y palabras los trechos de soledad en medio de enormes masas de transeúntes.

Es cierto que los medios escritos tienen en sus sitios virtuales la multiplicación de sus públicos, un alcance internacional, la capacidad de modificar en tiempo real lo que sucede y por esto mismo han puesto en cuestión los enormes tirajes impresos que en el siglo 20 llegaron a tener periódicos y revistas. Quienes somos consumidores habituales de esta información escrita que tiene más decantación y análisis que las cataratas de extras y de noticias evaporables que tienen los medios electrónicos, no declinamos ante el placer de la publicación, del medio físico, de su enorme manualidad y adaptación al momento en que se quiere leer, aunque no puede negarse el eficaz recurso de búsqueda que tiene el computador como el gran medio que puede ser a la vez televisión, radio y periódicos. Pero tienen que adaptarse a un formato único con el fin de estar listo en el momento de ser consultado. Y también se nota la asimilación a un estilo multifuncional de los periodistas que deben trabajar para redes de medios que incluyen la imagen, el sonido, las palabras. Algo falta en aquel simultáneo informador del carácter que da el oficio de sacarle brillo a los hechos, de la experiencia de transmitir de una manera única y reconocible la información que ahora tantos y tan diversos manipulan, divulgan, anticipan, derivan.

Creo que apunta a la eternidad de los periódicos y las revistas el sabor que sean capaces de tener, el talento que sean capaces de conjugar en su hechura y la diferencia sustancial que pueden tener con el indiscriminado, constante e insípido internet que no cesa. Su oportunidad es la de reservarse a aquello que reviste perdurabilidad y que necesitaremos siempre consultar después de haber desechado tanta basura informativa como nos asalta.

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