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Reprobados

03 de abril de 2014 - 07:22 p. m.

En este trascurrir de de 2014 , con tres meses ya reprobamos tres materias básicas.

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La primera: en política cerraron filas clientelismo y corrupción en la reelección inmediata de Santos y la reelección diferida de Uribe para remacharse al poder, fuera del cual, adictos como son, no pueden respirar. La diminuta minoría independiente se escampa de la manipulación de estos dos zorros políticos.

La segunda: la educación tuvo pruebas con parámetros internacionales, un baldado de agua fría necesario para saber que no sólo somos un país salvaje en resolución de conflictos sino que lo somos porque su principal instrumento está desatendido. Es elemental que, en la medida en que la vía militar, se afianza la vía educativa se encoge.

Y la tercera, un anuncio de lo que seguirá: holocaustos ecológicos de sequías e incendios dejan catatónicos a funcionarios y negociantes. Todos alzan los hombros y enormes patrimonios naturales en la Sierra Nevada, en el Chocó y en Casanare quedan arrasados por decisiones inmediatistas tomadas de oídas por tecnócratas de escritorio.

Esto sin citar los extremos de crueldad alcanzados en Buenaventura, donde un cuento de Edgar Allan Poe es un relato infantil, y el ácido con pegante con el que un bárbaro quiso borrar a una mujer, otra más de los 928 casos que lleva en 10 años esta patria inmarcesible.

La pesadumbre reina después de que, además, se ignoran instancias jurídicas internacionales y se le confirma al procurador Ordóñez su oficio de Torquemada local. Pero una leve alza en el ánimo llega del Consejo de Estado al tumbarle la inhabilidad de 12 años impuesta a Alonso Salazar como desproporcionada sanción al entonces alcalde de Medellín de “participar en política en las elecciones”, al denunciar a un candidato apoyado por paramilitares en los barrios.

Al rompe, el histriónico monseñor dice que no hay que dramatizar y después acude a su urdimbre leguleya asegurando que el Consejo de Estado no osará deshacer lo que él hace. Ordóñez, fundamentalista él, a la hora de sus amigos descorregidos es de lo más comprensivo. Recuérdeselo en la boda imperial de su hija, rodeado por sindicados, o en su casa, en una foto de familia donde muy sonriente lo acompaña el oscuro Luis Alfredo Ramos.

Alonso Salazar no denuncia para atravesarse en el camino político de un candidato de los de la cauda paramilitar descrita por Claudia López en sus investigaciones. Es parte de su responsabilidad ejecutiva demostrada cuando hace judicializar a El Cebollero, cabecilla que en la Plaza Mayorista movía algo más maloliente que los tubérculos. Es difícil que alguien que le pone el pecho a una ciudad casi ingobernable como Medellín resulte fácil de digerir al emperador, quien incluso saca su ratico para diseñar él mismo la reforma a su poder omnímodo. Tan hacendoso.

El procurador Ordóñez, de la orden de la decapitación sin atenuantes a la oposición, hace parte de esta indefensión nacional ante la desueta politiquería, la pésima educación, la desidia ambiental, la escabrosa mortalidad de dimensiones industriales impuesta en Buenaventura o la infamia al detal, de todo lo cual él procura desentenderse.

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Sería deseable que esta cosecha de ineptitudes y desamparos de este trimestre logre alinderar lucidez e independencia para reunirse y construir una mínima dosis de futuro. Para que no persista la imagen trágica que nos vuelve materia disponible al saqueo de ánimo y recursos.

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