Son muchas las argentinas en una.
Una vive en la desesperación, el empobrecimiento, la inconformidad por un gobierno sin norte y políticas populistas. Y si bien la calidad de vida disminuye para una gran parte de la población, muchos siguen viviendo con la alegría de una vida de reuniones familiares con piquetes en las calles, como comentaba un taxista de esa ciudad.
La capital tiene problemas por cortes continuos de energía y el desempleo crece y aumenta la inseguridad en las calles. Pero a diferencia de Buenos Aires, otra cosa se ve en las pequeñas ciudades y en el campo, donde reina la tranquilidad y donde la calidad de vida es diferente. Hay excepciones, como fueron los saqueos en algunas ciudades de las provincias ante la protestas de la policía por un mejor salario
El país se ha empobrecido, pero sigue siendo rico. El PIB no se contrae, sino que ha crecido 3,1% anual. Los campos producen granos y pasto para el ganado y su carne continúa siendo un importante rubro en la economía. Los vinos lo son también. Pero la inflación crece y el control de precios en algunos alimentos ha sido impuesto por el gobierno. La inversión extranjera ha disminuido y el control de la divisa para evitar la salida de capitales ha establecido una economía paralela. Las huelgas aumentan. Ante los problemas, las redes de narcotráfico han crecido. Se habla de corrupción.
A pesar de los problemas, todavía se mantienen políticas de desarrollo social como la educación gratis, especialmente la universitaria. No obstante, los jóvenes esperan que en los recortes de presupuesto sus beneficios no se vean alterados. La infraestructura vial es buena, pero hay inconformidad que con la inversión ha disminuido
La situación es compleja si continúan con políticas similares a las venezolanas, pero sigue siempre existiendo la esperanza de que con un cambio de gobierno las cosas mejorarán.