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Cambio de enfoque

25 de noviembre de 2009 - 07:46 p. m.

LA LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA ha estado orientada más al plano militar, en el cual probablemente se han tenido logros; muchos sin embargo nos preguntamos si no es necesario darle un vuelco a esta política y atacar más las causas de esta violencia que nos ha acompañado durante largo tiempo de nuestra existencia. El conflicto armado persiste y la violencia aumenta.

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Aunque es comprensible que se destinen recursos importantes para acabar con la violencia producida en el campo por el conflicto —producto de actores como la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico—, hoy es necesario invertir más en las causas que no sólo están en el campo sino en la ciudad.

La violencia de la ciudad tiene en gran parte su origen en la pobreza, en la desigualdad y en la desesperanza de no percibir un futuro mejor. Los servicios básicos —agua, alcantarillado, electricidad, educación y salud— no han llegado a toda la población; el empleo formal o informal y otros modos de generación del ingreso están lejos de esos sectores de la población; la ciudad no es amable: el transporte, la inseguridad, la falta de parques y de recreación genera cierta agresividad en el diario vivir. A ello se suma la televisión con sus programas violentos y con la generación de conductas aspiracionales por adquirir nuevos productos de consumo —computadores, iPod, ropa de marca— que determinan nuevas formas de delincuencia y violencia. Por último a ello se suma el escaso crecimiento económico y la falta de presencia del Estado y la Justicia que genera desconsuelo e impunidad.

En el campo se pueden sumar algunas de estas causas y excluir otras pero prima la falta de presencia del Estado y el problema de la tierra como medio de producción. Y es que aunque no necesariamente todo el mundo tiene que poseer tierra, sí debería haber un sistema agrícola que permita la convivencia y la subsistencia de todos. Ejemplos de cooperativas o kibutz, las famosas granjas de Israel, son buenos ejemplos de ello. La política agrícola existente no ayuda mucho cuando se entregan tierras a grandes propietarios en los llanos, se deja de entregar Carimagua a las víctimas de la violencia, no se montan proyectos productivos o se entrega el Ingreso Seguro a personas con grandes ingresos. No son tampoco solución los subsidios a las familias guardabosques, o la entrega de subsidios a jóvenes que después no quieren trabajar recogiendo cosechas o cultivando la tierra.

Estos son algunos aspectos que determinan la necesidad de equilibrar la política militar con una política de mayor presencia del Estado y de mayor inversión social. Es importante ir volteando la balanza y en ese sentido es necesario que los candidatos presidenciales redefinan la problemática de la violencia y planteen nuevas propuestas, pues hoy en día los que hay tienen más propuestas en lo militar que en lo social. Se salva Sergio Fajardo, pero de los candidatos no se ha oído claramente qué proponen. Habrá que esperar pero es éste un tema esencial para la vida nacional.

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