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Con la crisis, la esperanza

21 de enero de 2009 - 11:09 p. m.

BARACK OBAMA LLEGÓ A POSESIOnarse  como presidente de Estados Unidos con una actitud humana y noble: su generosidad con sus contradictores de campaña, Hillary  Clinton quien ocupará el puesto de Secretaria de Estado y con John McCain a quien la noche anterior a la posesión le ofreció  una comida en su honor y le llamó héroe americano— no tiene precedentes.

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Ello se  hizo aún extensivo en su discurso al presidente saliente George Bush a pesar de sus 22 puntos de popularidad.  Igualmente durante el almuerzo en el Congreso manifestó su preocupación por el senador Kennedy para expresar su deseo de trabajar con el Congreso, especialmente en momentos en que es necesaria la unidad frente a la crisis.

Se trató de un discurso de posesión más que inspirador, calificativo, que acompañó sus intervenciones durante la campaña, de llamado a la acción con responsabilidad, pues invocó la necesidad de enfrentar, tanto en lo doméstico como en lo internacional,  temas relacionados con las crisis económica y financiera, medioambiental y energética, dos guerras en curso y la caída del prestigio americano.

 Inició sus palabras con humildad sentida y con una invocación a sus ancestros, llena de simbología.  Su tarea no será fácil ni rápida y aunque no definió planes y programas concretos, delineó los principios con los que trabajará; invocó unos valores del pueblo americano como el trabajo duro y la honestidad, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo para afrontar una realidad que reconoció difícil sin acusar a nadie. El tono y el fondo de su discurso en todo caso y a pesar de la complejidad de la situación por la que atraviesa el mundo y los Estados Unidos produjeron alegría, esperanza, sensación de bienestar y confianza.

Se trató sin duda de un evento casi religioso en el que llamó a “una nueva  era de responsabilidad, un reconocimiento de parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes hacia nosotros mismos,  nuestro país y el mundo, deberes que no aceptamos a regañadientes sino más bien con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada más satisfactorio para el espíritu, tan definidor de nuestra personalidad, que dar todo lo que podamos ante una tarea difícil”.

Su reflexión alrededor del tema económico fue novedosa, pues sin condenar un sistema generado por su propia nación y que ha dado riqueza, señaló la necesidad de encontrar vías para que no sólo se favorezca a los más prósperos. Ello abre un interesante camino para construir una sociedad más justa y más equitativa a nivel mundial, pues indica la posibilidad de contar con los USA para hacer unos ajustes que humanicen el sistema económico.

 Frente al resto del mundo su mensaje  de tender la mano a quienes quieran abrir el puño y su promesa de amistad con cada nación que quiera un futuro de paz abre un derrotero en el que el imperio parece quedar atrás para pasar a una etapa de trabajo conjunto, de respeto a culturas y valores diferentes y de mayor compromiso con la situación de países menos avanzados.

Unidad, esperanza, trabajo duro y honestidad serán los principios para afrontar la crisis más compleja que viven Estados Unidos y el mundo. Que Dios le ayude a Barack Obama  pues el resto del mundo necesita de Estados Unidos.

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