HAY UNA CLARA CONFUSIÓN EN la ciudadanía respecto a la reelección del presidente Uribe; parecería, en efecto, que la estrategia de los asesores de la Casa de Nariño es crearla.
El Presidente ha dicho en distintos foros, como en la Asamblea de la Cámara de Comercio y en la reunión de Eurocámaras en Palacio, que un gobernante no se debe perpetuar en el poder y que hay muchas personas que hoy forman parte de su Gobierno que están capacitadas para asumir la dirección del Estado cuando él se vaya y mantener su legado de la “seguridad democrática”, la “confianza inversionista” y la “cohesión social”. Y acto seguido señaló a Noemí, lo que la prensa consideró un guiño; al siguiente día, el Presidente habló de otros posibles sucesores, como Juan Manuel Santos y Germán Vargas.
Todo esto resulta confuso pues estas palabras pueden interpretarse de distintas maneras: en un sentido, parecería que está dispuesto a retirarse y que, para ello, está preparando a su sucesor; en otro, no es realmente claro sobre si se va o se queda. Uribe aparece así contradictorio pues prepara su retiro mientras concentra su reinado.
Simultáneamente la recolección por parte de partidarios uribistas de cuatro millones de firmas para la reelección, la solicitud a la Registraduría para su certificación y la posterior radicación del proyecto de reelección en las comisiones primeras de Senado y Cámara desmienten el aparente relevo. La verdad es que si es sincero en cuanto a que no quiere perpetuarse, no tiene sentido alguno el trámite del proyecto de ley ante el Congreso y la dilapidación de recursos de la recolección de firmas, pues ello le vale una buena cantidad de dinero al país.
En el Congreso muchos uribistas manifiestan en privado que no quieren la reelección de Uribe, pero no se atreven a pronunciarse públicamente, con excepciones como la de Gina Parody, quien ha asumido una posición franca y valerosa ante la presión que ejerce la casa de atrás del Congreso.
La ciudadanía está también confundida, aunque los niveles de popularidad de Uribe siguen siendo importantes; es también función de un líder permitir la llegada de otros que refresquen las democracias por buena que haya sido su labor.
En medio de la crisis institucional, en medio de los debates entre los distintos poderes, en medio de las discusiones entre líderes políticos y de opinión en la oposición y en medio de peleas con otros gobernantes para desviar la atención pública mirando el retrovisor —todo lo cual genera mucha confusión— se viene ahora a sumar este tema que para nada contribuye a la tranquilidad nacional. El eslogan de este momento parecería ser dividir para reinar, pues lo único cierto es que todo esto lo único que produce es antagonismos y diferencias entre los colombianos.