El presidente Juan Manuel Santos, en su alocución del primer año de gobierno, fue claro quizás por primera vez en decir que la paz no es la única tarea del Gobierno. Y es que el Gobierno ha girado alrededor del proceso de paz, o por lo menos así lo perciben los colombianos; y aunque se han hecho otras tareas, se siente desconfianza y malestar ante el futuro de nuestro país.
Efectivamente, hace un año el presidente fue elegido con la bandera de la paz, que es un anhelo de todos los colombianos. El conflicto ha sido parte de la vida de Colombia y había que darle una oportunidad a la paz. El proceso se ha llevado a cabo, se ha avanzado, pero no se fijaron plazos, se ha alargado por más de tres años y se está a la espera de un punto final.
La gente está cansada; y a esto se han sumado ataques de la Farc pero igualmente del Eln, que no ha entrado al proceso y que han generado desconfianza en el presidente y en la misma negociación.
La seguridad es un tema complejo no solo en relación con la guerrilla sino por la criminalidad en las zonas urbanas. La justicia está todavía lejos de ser un contenedor de la criminalidad pues es lenta e insuficiente. La justicia ha sido precisamente un tema complejo en la negociación.
Hay malestar con la economía. La reforma tributaria con nuevos impuestos a una base limitada ha creado malestar en sectores empresariales que no ven que estos nuevos recursos repercutan en un avance. El precio bajo del petróleo y la devaluación del dólar frente al peso no son muy alentadores. El país sobrevive y continúa a pesar de que existen sectores deprimidos. Finalmente Colombia es un país que ha salido adelante en momentos difíciles.
Hay avances en sectores como la educación, vivienda, salud, en infraestructura vial, pero todavía falta mucho por hacer. Hay que hacer mayores esfuerzos en justicia, en control de la corrupción. La paz es la prioridad, como manifiesta Santos, pero es más que un acuerdo y hay que estar preparados para ello y empezar a construirla desde ya.