El Presidente Santos ganó las elecciones con la bandera de la paz como un anhelo expresado en las urnas por la gran mayoría de los colombianos, y en este sentido debería continuar con esa bandera, que es la aspiración que nos une como compatriotas.
Se esperaba un posicionamiento más fuerte de la paz, no sólo con la negociación sino como una bandera permanente.
Se esperaba una consejería o un ministerio de la paz, pero no ha sido así y todo ha estado más orientado al posconflicto, derechos humanos y seguridad, que fue el ministerio que se creó en la Presidencia, bajo el liderazgo de Óscar Naranjo.
Es claro que el presidente Santos anunció la paz en su discurso de posesión como uno de los tres pilares de su gobierno, pero ahí se dieron más los lineamientos de la negociación.
Insisto en que para la paz no hay que esperar negociaciones y el posconflicto; hay que construirla cada día. La violencia, por desgracia, no está sólo en los grupos por fuera de la ley; está impregnada un poco en todos.
La paz para la nueva etapa que comienza es un concepto mucho más amplio y puede incluir el posconflicto, la seguridad, la integración y muchos otros temas que habrá que coordinar y definir, además de la estrategia y planes para desarrollar.
Hay muchas tareas que hay que coordinar y definir. Una fundamental es el rol de los distintos actores que integramos esta sociedad. La construcción de un país es de todos, por supuesto, bajo el liderazgo del presidente de la República.
El papel de los empresarios, del sector privado, de la sociedad civil, las ONG, la Iglesia, la educación, las familias y el ciudadano. Igualmente, el papel del Gobierno, el nacional y los regionales. Y esto implica la realización de grandes y pequeñas cosas.
La educación, como efectivamente lo anunció el presidente. Pero también en menor escala la educación ciudadana es fundamental: una sonrisa, una ayuda, unos buenos días, una buena acción… Y esto puede ser a través de las familias, de los medios, de la publicidad, del trabajo… Es necesario que sea una meta común.
El Gobierno promoverá sus políticas de empleo, pero programas de microempresa se pueden incentivar con el sector privado y la sociedad civil. En cuanto a la agricultura, se harán inversiones agrícolas, pero igualmente programas de desarrollo rural para pequeños campesinos.
La paz será la sumatoria de muchas acciones y debemos estar conscientes de que todos tenemos un papel que jugar. Este debe ser un propósito nacional.