Es difícil abordar el tema de Venezuela.
Se ha dado todo tipo de información, análisis y opiniones. Se sabe que es una estrategia de Maduro para desviar la atención de los problemas internos, que hay un interés electoral de por medio, que hay un problema de mafias, de poderes y de contrabando. Es un tema complejo y la atención está en la crisis diplomática en la que Venezuela usa la diplomacia petrolera para comprometer votos, como claramente sucedió en el foro de la OEA y en otros foros internacionales en los que Colombia confió y no se movió lo suficiente y no comprometió con argumentos. Así que, más que principios, primaron los intereses.
No parece haber una pronta solución diplomática, ya la OEA no será el foro de discusión y menos lo será Unasur. Estados Unidos ha sido tímido pues tiene sus propios problemas migratorios. La ONU llegó, pero primero fue a Venezuela, y Europa tiene más los ojos puestos en los problemas de la migración de sirios y la infiltración de simpatizantes del EI en estas olas de refugiados.
La atención mediática se ha centrado más en la diplomacia que en las víctimas de las deportaciones —1.443— y en los retornados —13.962—, que hoy alcanzan más de 15.000 personas. A ellos se les da atención inmediata, kits de aseo, colchones y cobijas, pero cuáles son los planes. Se espera que retornen a sus regiones de origen y así lo han hecho 1.279 personas, pero la cifra es alta, es casi la población de una pequeña ciudad del campo.
Si bien se ha hablado de violación de los derechos humanos con los deportados pues han sido física y mentalmente abusados, han sido separados los miembros de las familias, han marcado y destruido sus casas y han tomado sus pertenencias, es claro que el retorno de 14.000 personas muestra que los colombianos no lo están pasando bien y están siendo perseguidos por las autoridades venezolanas. Y los únicos que se aceptan son aquellos colombianos que traen beneficios personales a las autoridades, como algunos clanes paramilitares.
Por ahora la atención de la crisis con Venezuela está en un juego de palabras: deportados, repatriados, retornados, regresados, refugiados. Un juego de la diplomacia, diálogo con condiciones, sin condiciones, etc., etc., y poco se sabe de los planes para aquellos que han regresado y se encuentran en los albergues de Cúcuta y Villa del Rosario. Habrá muchos que regresarán a sus regiones de origen, donde tienen familia, pero muchos otros no tienen a dónde regresar y no se ha oído de los planes que se tienen y no se ha convocado a la sociedad civil para que nos movilicemos para ayudar. Se necesita un gerente como se ha hecho en el pasado con el manejo de Armero o Armenia, donde se unieron el Gobierno y la sociedad civil. Por ahora no se ve nada claro, se ha manejado el corto plazo, pero no se sabe qué pasará en el largo plazo. Habrá que esperar.