Se inició el Festival Iberoamericano de Teatro con éxito, con una buena programación y con una asistencia que es aceptable en sus salas y multitudinaria en lo callejero y popular.
En general, y hasta ahora con un buen balance, el Festival, como muchos eventos culturales, pone en la agenda nuevamente el tema de la financiación de la cultura y hace necesario el ser reiterativos, pues hacer cultura y proyectos como éste es una tarea de titanes, de soñadores, de personas que creen en la utopía. Y lo digo porque así sea el Festival de Teatro, el de Música de Cartagena, el de Cine, el de Literatura o la programación regular de los teatros, siempre tienen algo en común: los recursos para su financiación.
Las bondades de dichos eventos son numerosas para la ciudad donde se llevan a cabo. Para la economía del país generan trabajo y turismo, lo que implica tiquetes de avión, hoteles, restaurantes. Las salas de teatro reciben ingresos. Las empresas de transporte, de infraestructura y logística de espectáculos también son variadas y numerosas e igualmente generan entretenimiento y cultura, con la posibilidad de ver espectáculos internacionales que no podrían verse si no se viaja, pagando además boletas al doble o más de lo que aquí se cobra. Las ciudades están vivas alrededor de la cultura.
El tema está entonces en hacerlo posible y superar las dificultades que hay que pasar para ponerlo en marcha, pues la financiación es el dolor de cabeza y, por supuesto, se da por sentada la asistencia para cubrir por lo menos el 50% del presupuesto. Las fuentes de financiación están centradas en el Estado nacional y regional, que son importantes, pero cada vez son más reducidas o no se entregan a tiempo; la empresa privada, algunos países que colaboran con la traída de sus grupos y la venta de boletería. Es un rompecabezas en el que hay que armar cada pieza para que funcione a la perfección y una no demore lo otro.
Vuelve y juega entonces la necesidad de una ley de mecenazgo en la que la empresa privada vea, además de un altruismo en dar cultura y entretenimiento en la búsqueda por mejorar su imagen y su mercado, también otros beneficios, con incentivos tributarios, que le permitan ver en esta inversión un incentivo económico. Es necesario encontrar soluciones, pues la tendencia es a repensar estos proyectos para hacerlos más pequeños o simplemente no hacerlos, pues son costosos como están planteados hoy y a los precios de boletería que se tienen no son viables. Y es que nos olvidamos de que sí se traen grandes espectáculos musicales, pero los precios empiezan en $800.000 contra $130.000 del Festival, por ejemplo, y gratis para eventos populares. A los primeros sólo pueden ir muy pocos, en los segundos hay para todos.
La financiación debe ser importante en cantidad. También rápida y oportuna por parte del Estado. Los patrocinios deben tener incentivos en una ley de mecenazgo, pues como están las cosas simplemente hay que quitarnos el sombrero ante estos soñadores que quieren hacer cultura en este país. Por ahora disfrutemos de este Festival y démosle un apoyo con nuestra asistencia.