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Reflexiones postelectorales

12 de marzo de 2014 - 09:50 p. m.

La abstención en Colombia no es algo nuevo de estas elecciones legislativas, es una constante en la historia electoral de nuestro país. Y valga la pena decir que el comportamiento es similar en las elecciones presidenciales.

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La abstención ha estado siempre cercana al 50%; lo que ahora es preocupante es su tendencia a subir, y en estas elecciones ha llegado al 56%.

Es claro que hay que hacer algo. Uno, para que la gente no sea indiferente a los sucesos que afectan a nuestro país y no sea apática a la política y vea en ella una forma de representación y de voz. Y dos, ante la baja participación, soy partidaria del voto obligatorio como una forma de aumentar dicha participación y que la votación refleje realmente una representación ciudadana. Si no está de acuerdo, la gente siempre tendrá la opción del voto en blanco.

Lo que sí es nuevo en el proceso electoral es el cambio de la participación de los partidos tradicionales. Se ha observado a través del tiempo una fragmentación de los partidos tradicionales y la aparición de nuevos partidos, algunos personalizados en un caudillo más que en una ideología.

Aunque crece la derecha y pareciera que hay una tendencia, el país continúa siendo de tendencia liberal en su mayoría. La fragmentación fue usada como dice el dicho: divide para gobernar, y así se fue estableciendo una atomización de partidos y una dispersión de listas. Cada vez hay más partidos, la izquierda se dividió en dos, los verdes y el Polo, y reapareció la UP.

En cuanto al origen de la votación, es diferente en la Cámara que en el Senado. El Senado tiene una votación nacional más orientada al voto de opinión, especialmente en las grandes ciudades, como se vio claramente con el Centro Democrático, donde la gente votó por su líder y no por la gente en las listas, lo que trajo como consecuencia la falta de representación de algunos departamentos en el Senado. En la Cámara, al contrario, al tener una circunscripción regional, están representadas las regiones. Esto ha cambiado el balance regional de poder.

En cuanto a la composición, es importante ver el crecimiento de la participación de las mujeres en el Congreso a 57, la mayor en los últimos años. En el Senado subieron de 17 a 21 y en la Cámara pasaron de 20 a 31. Muchos dirán que es la consecuencia de la Ley de Cuotas, según la cual el 30% de las listas debe ser integrado por mujeres, pero lo importante es una representación y una visión necesaria para que se trabaje en áreas sensibles a lo social.

Cambia la tradición con la llegada de un expresidente que continúa en la política activa y que ha descalificado a algunos miembros del Congreso que en algún momento lo apoyaron y estuvieron en su grupo. La política no es fácil, es compleja, pero serán interesantes las discusiones que allí se darán cuando se encuentren amigos, viejos amigos que hoy están en lados opuestos y contrarios.

Hay que esperar y ver qué pasará con las negociaciones de paz y la elección presidencial para analizar el comportamiento de este nuevo Congreso en el manejo del posconflicto.

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