El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Repensar el sistema financiero para la gente

03 de diciembre de 2008 - 08:51 p. m.

A RAÍZ DE LA PROLIFERACIÓN DE LAS pirámides en Colombia y de la acogida de DMG en los departamentos y pueblos más alejados, es bueno reflexionar sobre el sistema financiero. Es claro que existe una necesidad de la gente de tener un sistema de inversión y de financiación más cercano y que le preste mejores servicios al ciudadano corriente.

PUBLICIDAD

Primero me atrevo a decir que al ciudadano común —y más al de los barrios marginales— le da miedo entrar al banco de hoy. Las cajas de ahorro, o en su momento las corporaciones de ahorro y vivienda, fueron percibidas como lugares más cercanos, pues allí se promovía el ahorro, se recibían intereses y se tenía acceso al crédito para vivienda.

En las circunstancias actuales la verdad es que la banca tiene mala imagen; por una parte, los costos por tener consignada la plata en un banco son demasiado altos, empezando por el 4 x 1.000, una medida transitoria de salvaguarda que se volvió permanente y que, dicho sea de una vez, debería ser derogada y, por otra, los costos por servicios propios del manejo como retiros en cajeros, las chequeras, las consultas de saldo, etc., se vuelven importantes. Lo que es claro es que en la medida en que los costos crecen por el uso del sistema la gente prefiere depositar sus recursos en un sistema que les dé rendimientos o tenerlos, como decía un chiste reciente, en el Bancolchón.

En este sentido los bancos deberían al menos pagar intereses que compensen los costos que cobran. Lo cierto es que algunos empiezan ya a reconocer intereses en las cuentas corrientes; si se quiere bancarizar es importante generar ingresos por los depósitos. La experiencia vivida con las pirámides demuestra su auge justamente por el hecho de que existía la promesa de un alto rendimiento que era cierto en los primeros seis meses, con lo cual se creaba confianza y fidelidad de la gente.

Al tema de los costos se suma el hecho de que los requisitos en los bancos para los préstamos son numerosos y muy complejos; de ahí que haya cabida para este tipo de figuras como las pirámides y la usura.

Hay entonces muchos temas para replantear sobre la base de lo que estamos viviendo y presenciando; la verdad es que ello debería constituir un llamado de atención para el Gobierno y para el propio sistema financiero. Y si la banca se hace la de los oídos sordos hay que buscar alternativas como es el caso de las cajas de compensación que sin duda son un instrumento de crédito, los programas de microcrédito y los Bancos de la Mujer que, por el momento se dirigen a ciertas comunidades. En sectores marginales se hace necesario un instrumento como el Grammen Bank o el llamado Banco de los Pobres, pues el denominado Banco de Oportunidades, creado por este Gobierno, es un sistema de financiación dirigido a microempresarios. Venezuela cuenta, por ejemplo, con una figura que le llega más a la comunidad. Se trata de los Bankomunales, que tuvieron su origen en las comunidades rurales y son grupos de autogestión financiera, de naturaleza asociativa, especializados en finanzas y que se forman a partir de capitales aportados por los propios vecinos con el fin de invertir y prestarse servicios de crédito. El tema no aguanta mucho más y el llamado de atención es severo y obliga a repensarlo todo, pues el problema social que subyace es profundo.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias