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“¿Un presidente que insulte o que construya puentes?”

27 de julio de 2016 - 02:59 p. m.

Con la celebración de las convenciones republicana y demócrata se inicia el camino hacia la Casa Blanca.

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Hillary Clinton fue en general estrella en la convención republicana, pues en un partido dividido y polarizado, el discurso de odio fue el punto de unión. La han llamado corrupta y culpable por los ataques del consulado en Bengasi y por el uso del correo personal cuando era secretaria de Estado, del que ya fue exonerada.

Los republicanos escogieron a Donald Trump y éste, ante la desconfianza y el escepticismo de su partido, escogió como fórmula vicepresidencial a Mike Pence, gobernador de Indiana y representante a la Cámara por 12 años, generando un efecto tranquilizador en diversos sectores al ser un conservador puro, parte del establecimiento y un puente con el Congreso.

Trump no recibió ningún aval de expresidentes ni de sus rivales, su discurso fue negativo, mostró un país en caos y violencia del que él sería su redentor al propender por la ley y el orden para restaurar la seguridad. Prometió una era de prosperidad después del declive y la corrupción de sus antecesores y de una economía empobrecida. El discurso fue amañado y en él primaron el insulto, la demagogia y la retórica.

El discurso trumpista caló y las encuestas daban a Trump por encima de Hillary al iniciar la convención demócrata, una semana después. Ésta se abrió con los escándalos sobre la infiltración rusa de correos electrónicos de las directivas demócratas que favorecían a Hillary y la rebeldía de un sector de izquierda de Sanders que no se ve representado, y menos aún con la designación del candidato a vicepresidente, Tim Kaine, senador y exgobernador de Virginia, que pertenece a un ala centrista del partido, católico y que tiene a su favor la cercanía a los hispanos y el ser un político experimentado con buenas relaciones en el Congreso.

La convención giró alrededor de Hillary, a fortalecerla en vez de atacar a Trump, exaltando sus condiciones. Recibió el aval de su contendor, Bernie Sanders, que invitó a sus seguidores para que voten por ella dando fe de su progresismo. Tuvo a Michelle Obama, quien manifestó que era la mejor opción para sus hijas. Siguieron así Jimmy Carter, Madeleine Albright, su esposo, Bill Clinton, que la llamó “hacedora de cambios”. Vendrán Biden y Obama.

Saldrá Hillary fortalecida, pero hay sectores resistentes, aun cuando Sanders ha dicho: “Esta elección debe ser para unir a nuestros ciudadanos y no para separarlos”. Y es que, a pesar de la unión del partido, hay molestias de que no hay ideas nuevas ni renovación, hay mucho de lo mismo. Dependerá entonces de cómo maneje Hillary la campaña y sepa recoger las banderas del cambio. Trump, en cambio, hará una campaña de ataques personales, de desprestigio de Obama y de ella, tendrá un discurso del YO supremo salvador. Norteamérica tendrá que escoger, como dijo el candidato demócrata a la Vicepresidencia, entre “un presidente que insulte y otro que construya puentes”.

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