EL CALENTAMIENTO GLOBAL GENErado por el hombre tendrá que parar algún día.
Pongamos, en gracia de discusión, que sea en la fecha citada en el título y pensemos igualmente que existe un segundo dato importante: la temperatura media del planeta ese día, que quizá habrá pasado de los 17°C de hoy a 19,8°C. Se trata de números inventados, claro. Llamemos a ambos datos la Fecha Omega.
No se me escapa que construir y luego ir perfeccionando un modelo que sirva para predecir la Fecha Omega es una tarea titánica y en extremo costosa, por lo que su confección tendría que estar a cargo de los grandes organismos multilaterales, en particular de la ONU, y tendría que involucrar a buena parte de las universidades del planeta. La utilidad de semejante modelo, sin embargo, me parece evidente, sobre todo porque permitiría calcular en qué medida una determinada actividad, un invento, una decisión política de fondo o un dato inesperado posterga o anticipa la Fecha Omega y en qué medida.
Aparte de la autocorrección constante del modelo, éste debería recurrir a rituales claros. Una vez cada tres meses, por decir algo, el organismo encargado de establecer la Fecha Omega revelaría los nuevos cálculos y explicaría con claridad las principales razones por las que variaron en esos noventa días. Un ejemplo: hay elecciones en Estados Unidos y el modelo estudia a fondo las propuestas ambientales de los candidatos. Las encuestas (o las apuestas) dicen quién tiene más probabilidades de salir elegido, así que una vez medido el impacto de cada uno de los programas, se procede según una fórmula prorrateada a revelar en la fecha trimestral predefinida el efecto neto de las perspectivas electorales americanas sobre la Fecha Omega. O digamos que se negocia un tratado ambiental importante y que en el proceso se agregan o se suprimen incisos, con efectos sobre la Fecha Omega. Obviamente, cuando el candidato X salga electo o el tratado se firme, se podrán calcular con mayor certeza ambos efectos. Y claro, si el presidente X corrige su programa por el camino, su rectificación tendrá efectos sobre la Fecha Omega más adelante.
Al modelo le cabe, además, una función consultora. El partido A o el organismo B pide que se estime la influencia de su proyecto C sobre la Fecha Omega. Tras estudios cuidadosos, el modelo revela el resultado a quien consulta.
El modelo tendría que considerar por supuesto los datos que la realidad vaya arrojando al margen y a veces en contra de las teorías. Algunas de las variables más importantes saltan a la vista: la concentración real de CO2 y demás gases de efecto invernadero en la atmósfera, la población total del planeta, pues cada persona nace con su trocito de calentamiento bajo el brazo; la temperatura media real que resulte de las mediciones, los datos reales deforestación y reforestación, entre muchas variables más.
Uno de los efectos más beneficiosos que traería algo como lo descrito sería reducir la histeria generalizada y poner en su sitio tanto a los complacientes como a los apocalípticos. Al mismo tiempo se descubriría con rapidez cuáles políticas sí valen la pena y cuáles son meros saludos a la bandera. No se me escapa que esta fantasía de un columnista tercermundista no germinará fácil en el árido territorio de las burocracias internacionales. No le hace, las ideas son para ponerlas a circular, así que ahí la dejo.
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