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De huellas ecológicas y otros demonios

08 de junio de 2010 - 10:24 p. m.

EL TIEMPO DEL SÁBADO SE PEGA UN impresionante tiro en el pie.

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Javier Silva Herrera dice en la página 2 que si uno quiere mejorar su huella ecológica, no puede estar suscrito a periódicos y revistas impresas. Haberlo sabido cuando me vendieron la renovación.

¿Y qué más hay que hacer para mejorar la bendita huella? Pues volverse vegetariano (de productos locales), no comer pescado, no montar nunca en carro, no viajar en avión a lugares lejanos, darse duchas chavistas de 30 segundos y no ponerse ropa limpia sino cada tercer día. Ya metidos en gastos, ¿por qué no pegarse un tiro y dejar la orden explícita de que no lo cremen a uno (por aquello del CO2), sino que lo entierren, para contribuir con las necesidades de reciclaje?

La vida vegetariana, aparte de inmamable, no es buena para la salud, pues la proteína vegetal es pobre e incompleta, y la vida sin viajes, sin periódicos, sin revistas, sin pescado y con duchas mínimas resulta aburrida a morir. ¿Se arregla el planeta y se mejora el medio ambiente si yo me martirizo? Tengo mis dudas, como las he tenido siempre que alguien quiere aplicar en tono perentorio el famoso imperativo categórico kantiano.

El medio ambiente mejorará sólo si el mundo se gobierna mejor. Para ello es indispensable que el Estado adopte políticas sostenibles y bien financiadas que ataquen de raíz los problemas ecológicos más graves, que la empresa privada sea al mismo tiempo seducida y obligada a operar en una forma ambientalmente virtuosa y que la ciencia investigue y plantee soluciones sin histeria. Pongamos un ejemplo: es cierto que el ganado vacuno expele durante su digestión importantes cantidades de metano, cuyo efecto invernadero se ha estimado 25 veces más potente que el del CO2. De ahí la sugerencia vegetariana que, de paso, asume que toda la carne disponible es de res. La solución, en todo caso, está en investigar para encontrar maneras de que la emisión digestiva de metano de los vacunos baje, no en limitarse a comer queso de soya. Ya hay avances.

El papel puede reciclarse y producirse a partir de cultivos tecnificados, con huella de carbono positiva. Brasil tiene plantadas cinco millones de hectáreas en eucaliptos que convierte en papel, más que la totalidad de la agricultura colombiana, y aquí podríamos producir pulpa a partir de bambú, pero nadie lo hace. Si mi revista o mi periódico vienen impresos en papel con un sello de calidad ambiental, ¿podré leerlo en paz? Ojalá.

Tengo que insistir en que, antes que cronometrarme la ducha, los militantes ecológicos deberían centrarse en impulsar una reforma agraria de verdad para que los colonos no tengan que tumbar bosque primario y para que en las tierras que hoy se dedican a la ganadería extensiva pueda progresar una agricultura intensiva y ecológica. También deberían exigir el fin de la prohibición y de la Guerra Contra las Drogas, que hoy tienen a los narcos cultivando centenares de miles de hectáreas rotativas en zonas prohibidas de alto riesgo ambiental. Cualquier avance en estas materias sería tan notable y tan eficaz, que luego muchos podríamos ponernos una camisa limpia todos los días sin sentir culpa.

La alternativa es clara: o se adoptan medidas ambientales viables que pongan en marcha procesos virtuosos o nos morimos de angustia y nos atormentamos sin efectos medibles sobre el deterioro del medio ambiente. Lo primero es preferible, de lejos.

 

andreshoyos@elmalpensante.com

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