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El «Niño»

02 de noviembre de 2010 - 09:57 p. m.

ÉDGAR RENTERÍA, EL "NIÑO" PARA los aficionados al béisbol, ya no es tan niño; a sus 35 años los peloteros de las grandes ligas en su mayoría se han retirado o están a punto de retirarse.

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De hecho, el rumor hasta hace poco era que Rentería se retiraba: su rendimiento había mermado a causa de una serie de lesiones, a las que se sumaban las ácidas críticas del poco franciscano periodismo deportivo de San Francisco y de la afición local, quienes consideraban su sueldo excesivo para un pelotero quemado.

Vino la séptima entrada del quinto juego de la Serie Mundial, hasta ese momento un tremendo duelo de pitcheo, y entonces, con una cuenta de 2 bolas y 0 strikes, el abridor estelar de los Rangers de Texas, Cliff Lee, el mismo que pulverizó a los Yankees hace dos semanas, le lanzó a Rentería una recta cortada en zona de peligro que el barranquillero sacó de jonrón por el jardín central. Las tres carreras impulsadas fueron suficientes para que los Gigantes de San Francisco ganaran el juego y la serie. El “Niño” fue declarado el jugador más valioso, y sus muchos críticos se han tenido que comer sucesivas ensaladas con sus propias palabras. La sequía de los Gigantes duraba desde 1954 y era anterior incluso al traslado del equipo a San Francisco. En ese lapso los Gigantes alinearon a jugadores como Barry Bonds, famoso por su poder jonronero y por haber consumido gasolina de avión, pero nunca ganaron la Serie Mundial.

Rentería tiene un algo que le permite crecerse en situaciones clave. Ya en 1997, estando más flaco y más joven, bateó un sencillo remolcador en la undécima entrada del séptimo juego de la Serie Mundial, dando a los Marlins de la Florida el campeonato. El béisbol, que a la larga es una forma de póquer jugado con bates, manillas y una bola dura, favorece mucho en sus momentos decisivos a quienes mezclan sangre fría, paciencia e intuición para esperar a que la estrella del equipo contrario cometa un error. Esta cofradía de los astutos constituye una pequeña minoría entre los jugadores de las grandes ligas, y Édgar confirmó el lunes, por si había dudas, que es un ilustre miembro de número.

¿Es Rentería el mejor deportista colombiano de todos los tiempos? No creo que sea el más dotado físicamente, pero si lo que cuenta son los títulos mundiales obtenidos en un deporte multitudinario, el único que compite en serio con él es Kid Pambelé. Lo más probable, sin embargo, es que al shorstop barranquillero no le alcancen los votos para llegar al Salón de la Fama, donde ya hay puertorriqueños, venezolanos, panameños, dominicanos y cubanos.

No le hace: Édgar es la superestrella del momento y su brillo aumenta si se tiene en cuenta la historia un poco deprimente del deporte colombiano. Aquí no es normal que alguien aspire a ganar mundiales; lo corriente es aspirar al bronce y contentarse con el octavo puesto. ¿La razón? Que no sólo el deporte, sino el país como un todo padece de un complejo de inferioridad colectivo que nos condena a la mediocridad.

Se me ocurre como contraste, aparte de Rentería, la trayectoria de un fuera de serie nacido en 1927 en un pueblo perdido de la Zona Bananera, no muy lejos de Barranquilla. Sí, Gabo llegó al salón de la fama más exclusivo de todos: el Premio Nobel de literatura, y lo hizo basándose en su inmenso talento, desde luego, pero también porque nunca se sintió inferior a nadie.

Moraleja: las medallas de bronce son de latón.

andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes en Twitter

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