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El Rubicón

27 de agosto de 2013 - 06:19 p. m.

El cruce de este río simbólico está cada vez más cerca para Colombia.

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Pese a la escandalización de la política de la que hablaba hace unos días Álvaro Forero, cuyo ruido y humareda no dejan oír ni ver con claridad, el referendo para sellar la paz es un paso necesario y democrático, no exento de riesgos. Aunque su efecto político se anuncia muy potente, se equivocan quienes presumen que sólo puede favorecer al Gobierno. Pasemos revista a los posibles escenarios que, claro está, admiten variaciones.

Escenario 1: No es posible firmar la paz, de suerte que no se realiza ningún referendo. La candidatura de Juan Manuel Santos a la reelección se tambalea y el presidente puede incluso no presentarse y apoyar a Vargas Lleras, quien querrá hacerse el duro y desmarcarse del Gobierno. Los resultados de las parlamentarias dan un gran triunfo al uribismo y los de las presidenciales son inciertos.

Escenario 2: Se firma un acuerdo de paz insatisfactorio e impopular y las Farc dilatan la entrega de las armas. Realizado un referendo en las parlamentarias de marzo, el acuerdo es rechazado por el electorado. En las subsiguientes elecciones presidenciales, Juan Manuel Santos pasa raspando a segunda vuelta, donde la tiene cuesta arriba. Además, es un candidato con un programa —el posconflicto— inviable, obligado a otro —el recrudecimiento de la guerra— para el que no está preparado. Este escenario no cambia mucho si el referendo coincide con las elecciones presidenciales de mayo.

Escenario 3: Se firma un acuerdo de paz aceptable, pero los pelillistas del constitucionalismo extremo logran imponer una fecha rara para la realización del referendo y éste no alcanza el umbral. Aquí el panorama se torna tan incierto y tiene tantas y tan caóticas variaciones que dejo al lector la tarea de desenredarlo.

Escenario 4: Se firma un acuerdo de paz aceptable y las Farc entregan las armas a la ONU o a alguna organización parecida. El referendo se realiza con quórum en la fecha de las parlamentarias y es aprobado por la mayoría de los votantes. En ese caso, la coalición de gobierno sale fortalecida y Santos se convierte en un candidato imbatible.

Yo tampoco tengo ni la menor idea de cuál escenario prevalecerá, pero algunas consideraciones me parecen claras. El referendo es una dura prueba para las Farc, pues las obliga por primera vez en su historia a confrontar al electorado sin intermediarios. También pone coto a sus aspiraciones más extremas, que podrían ser derrotadas en las urnas, así sean pactadas en la mesa. En cuanto al Gobierno, el referendo fortalece su posición negociadora, si bien cierra puertas y puede ser la gota que rebose la copa. Algo me dice que ellos querrán hacer coincidir el referendo con las elecciones parlamentarias, no sólo porque es una opción con menos visos politiqueros, sino porque hacerlo al tiempo con las presidenciales aumentaría demasiado la incertidumbre.

El referendo tiene otro aspecto útil: ambos bandos saben que hay sapos que la gente, para no hablar de la CPI, no se tragaría. Sin embargo, como las Farc son una guerrilla vieja y endurecida que desprecia la vida, incluso la propia, nada está cantado. El sentido común sugiere que si se van a parar de la mesa, será antes y no después, ya que reiniciar la guerra total les resulta cada día más difícil, a despecho de tal cual “éxito” parcial, como el que tuvieron este fin de semana en Arauca.

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