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Europa

06 de diciembre de 2011 - 06:00 p. m.

¿En qué momento se jodió Europa?, preguntaría tal vez Varguitas hoy en París, Praga o Barcelona.

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Pues bien, el eslovaco Stefan Auer sugiere una fecha convincente: 1989. ¿La razón? Que Europa se envalentonó con la Caída del Muro de Berlín y quiso resolver de inmediato el problema candente de qué hacer con una Alemania unificada en el corazón del continente. Pronto arrojaron toda precaución por la borda y un par de años después los procesos iban viento en popa, incluyendo por supuesto la unión monetaria.

En los primeros años el euro tuvo una notable revaluación que volvió rico al continente, pero llegado 2011, la loca ilusión se hizo trizas, y Europa desembocó en la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. El problema urgente es el económico —las deudas impagables que acumulan varios países y la falta de un prestamista de última instancia—, pero el grave, el de fondo, es político. Si uno quiere captar la gravedad de lo ocurrido, le bastará con pensar que la crisis comenzó en Grecia, un país con el 2,3% del PIB de la unión, lo que equivale a que la deuda de Dakota de Sur pusiera a temblar a todo Estados Unidos.

La Unión Europea, llamada por Enzensberger “El dulce monstruo de Bruselas”, es en últimas la suma a la vez rígida y endeble de 17 democracias diferentes, una suerte de democracia por delegación que resulta casi irreformable. Sin embargo, tiene que ser reformada, pues el rompecabezas político armado a la fuerza a comienzos de los noventa amenaza con saltar pieza por pieza, en lo que constituiría una hecatombe de proporciones colosales.

La tarea no es envidiable. Porque, ¿habrá el suficiente apoyo para reformas que, aparte de saber a aceite de ricino, alejarían aún más el poder real de los centros políticos nacionales, es decir, del votante? El camino de la mayor unión tiene hoy un elemento en su favor: a los europeos no los une el amor, sino el espanto, como diría Borges. No obstante, el miedo también puede desaparecer un día, a medida que la gente tiene que tragarse una medida draconiana tras otra. Es preciso recordar que todo se decidirá en elecciones nacionales y que la crisis refuerza el poder local, pues es allí donde el ciudadano piensa que le queda al menos un vestigio de influencia.

La otra opción es que en una de estas la UE viole las reglas del BCE, habida cuenta de que un banco central resiste muchas presiones políticas, mas no la perspectiva de una catástrofe. Viéndolo bien, esta es la salida más probable y menos costosa en el corto plazo, así también pueda convertir los líos actuales en endémicos.

El drama seguirá en un constante claroscuro, siendo la euforia de un día seguida por el crujir de dientes del siguiente. Al final de este año y por unas semanas habrá calma chicha, pero a comienzos de año entrante vienen varias refinanciaciones de deuda por muchos centenares de miles de millones de euros, que hoy por hoy no se ven viables. Y ojo que a los mercados todavía les falta mucho por descontar, en caso de que las cosas viren para peor.

Un último factor que no le permite a uno ser optimista son las personalidades involucradas. Porque si uno mira a la señora Merkel o a Nicolás Sarkozy, no ve ni rastros de un Churchill, un Roosevelt o un De Gaulle. Tanto doña Ángela como don Nicolás son políticos de la mitad del pelotón hacia abajo y sólo brillan cuando se les compara con un bufón peligroso como Berlusconi. En fin, yo de europeo estaría muy preocupado.

andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes

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