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La mano invisible

03 de febrero de 2009 - 07:53 p. m.

BUENO, NO, NO HABLO DE LA MANO de Guillermo Santos al final de la mesa que hubo en el Hay Festival sobre “la convergencia entre lo digital y lo impreso”: ésa estaba alzada y era muy visible.

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Ignoro si Guillermo iba a preguntar algo o si apenas quería regañar a la mesa en la que ni siquiera alcanzamos a arañar el tema. El tiempo se acabó, Guillermo se fue sin musitar palabra y este lunes aprovechó su columna en El Tiempo para repartir regaños. Respondo por el que me cayó a mí.

Contaba yo que hace cosa de tres años asistí a una reunión de directores de medios en Monterrey, México, donde una de las conclusiones que nos querían imponer los gurús de la tecnología era que los blogs iban a acabar con el periodismo tal y como lo conocemos. Mark Twain vino en mi ayuda, y dije entonces que los reportes sobre la muerte del periodismo tradicional eran algo prematuros. Yo conocía los blogs, pero confrontado a la tentación de empezar el mío, una voz interna me dijo: abstente. El narcisismo primario y la dramática soledad del medio me intimidaron.

Tres años más tarde hay blogs hasta en la sopa, pero a la inmensísima mayoría de los que se renuevan a diario en el mundo nadie los lee. Guillermo, experto en su tema, examina… ¿cuántos?, ¿diez?, ¿quince? Pues bien, eso ha de ser menos del 0,1% de los que se publican sobre temas tecnológicos. Dicho de otro modo, la sobreabundancia está matando a los blogs. Además, la mano de un editor no los revisa nunca, excepción hecha de algunos que vienen atados a las páginas de los medios tradicionales. Así, uno encuentra tal cual texto interesante sepultado en una avalancha de mediocridad. Dada la profusión, yo soy de los que prefiere los lugares donde se ejerce algún control de calidad. Lo siento, querido Guillermo.

Lo de Guillermo se entiende: él es desde hace tiempo el profeta de la revolución tecnológica en Colombia, así que cualquier cosa que vaya contra el evangelio digital le saca la piedra. Al leerlo, recuerdo cuando leía a ciertos neoliberales fundamentalistas para quienes la famosa mano invisible del mercado era infalible. No admitían ni siquiera chistes al respecto, ¡hasta que el mercado se derrumbó en forma catastrófica! Para los amantes del último gadget, como Guillermo, la mano invisible de la tecnología es igualmente infalible. ¿Qué ahora se pueden ver películas en un iPod? Todo un regalo de Dios, sólo que a mí no me agarran ni capado viendo una película en un adminículo de este tamaño. ¿Que la renovación de los productos es cada día más rauda? De tarde en tarde salen bellezas, sí, pero de resto uno se siente tratado como una bestia del consumo perpetuo y de la obsolescencia planificada. ¿Tecladitos enanos para mandar mensajitos enanos? Útiles en ocasiones, aunque nada del otro mundo: apenas un regreso ágil al viejo telegrama.

No quiero que se me entienda mal: soy un usuario agradecido del internet, visito muchas páginas maravillosas de donde saco material invaluable, tengo celular y me gusta ver películas en televisión de pantalla plana y en formato de cine. Al mismo tiempo detesto la miniaturización y la aceleración loca del mundo, la apoteosis de la comida rápida para el espíritu.

Le sugiero a Guillermo que hable, por ejemplo, con un bibliotecario. Ellos, que están tratando de preservar las cosas del presente, andan enloquecidos, pues su trabajo se volvió imposible. Le auguro que lo van a poner a llorar encima de un floppy ilegible.

andreshoyos@elmalpensante.com

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