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Los bárbaros

09 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

«Esperando a los bárbaros», quizá el poema más famoso de Cavafis, concluye así: «¿Y ahora qué será de nosotros sin los bárbaros? / En cierto modo, ellos eran una solución». Pensé en estos versos al leer la columna más reciente de Moisés Naím, según la cual la intensa paradoja contemporánea es que Estados Unidos está mal y debilitándose, en tanto que el resto de los países poderosos no va mejor.

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El declive americano es inocultable: no ganan una guerra desde que Bush padre obligó a Sadam Hussein a salir de Kuwait, cualquiera les falta al respeto sin consecuencias en su antiguo “patio trasero” y ahora, lo más grave, su moneda y su deuda pública están perdiendo credibilidad. Dicho esto, es mejor no buscar alternativas, pues no las hay. Europa es grande, diversa y liviana para el mundo. El euro no sólo no ha sido ninguna panacea, sino que se ha convertido en una amenaza para muchos países de la unión. De Japón, ni hablar. Esto deja a China como potencia emergente. Pues bien, China tiene una inmensa importancia económica para el mundo a título de locomotora, aunque también de trituradora de las bases industriales de muchos países, pero nadie puede ni quiere copiar su sistema político, casi nadie quiere emular su cultura y son pocos los que estarían dispuestos a invertir sus reservas o sus ahorros en yuanes, pese a que esta moneda ha estado subvaluada artificialmente durante décadas.

¿Menos imperialismo, no era eso lo que queríamos? Era y supongo que sigue siéndolo, si bien se da el bemol de que el debilitamiento del poder americano y la no emergencia de una potencia sucesora nos dejan no ya en manos de nuestros vecinos, sino más dramáticamente en las propias. Claro, esta soledad relativa sólo es buena si controlamos la demencia local. Demos, pues, un raudo paseo por América Latina para ver qué tan peligrosa está resultando la retirada de los bárbaros. En Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia unos presidentes populistas, estatizadores y autoritarios están creando sociedades no funcionales y economías distorsionadas. Para estos pueblos, la debilidad del imperialismo ha desembocado en una retórica estridente y en unas situaciones políticas muy peligrosas. Argentina sigue siendo un país orgulloso, culto y políticamente incomprensible, enviciado a la “teoría” política inventada por Perón, quien despreciaba a sus compatriotas. México anda perdido. Quedan Chile, Perú, Colombia y demás países intermedios, en los que el camino hacia el futuro tampoco está despejado. Brasil, por último, es la gran potencia regional, aunque su influencia resulta extrañamente light.

Lo que pasa no tiene antecedentes: la catástrofe de España en América condujo al imperialismo inglés, y el debilitamiento de éste nos trajo el imperialismo americano. Ahora, sin embargo, no viene nada parecido, de modo que no nos queda de otra que volvernos adultos. Ya en ello, convendría hacerlo enérgicamente, consolidando las instituciones democráticas, instalando una economía de mercado con menor desigualdad y echando a la basura ideas estúpidas como la Guerra contra las Drogas. Todo esto se puede hacer, aunque también es posible ceder el poder a los bárbaros locales, tras lo cual la redención se postergaría por décadas. Los únicos antídotos para evitar la autointoxicación son las ideas claras, pasadas por la dura polémica, y una prioridad a la educación. Todavía no está claro que esto sea lo que los líderes del presente nos quieren dar.

 

andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes

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