YO NO SÉ SI LA ALIANZA ENTRE Mockus y Fajardo fortalezca esta candidatura lo suficiente como para que pase a la segunda vuelta y —lo más difícil— para que venza a Santos el 20 de junio, pero las probabilidades de los matemáticos acaban de mejorar en forma sustancial.
El optimismo de quienes pensamos votar por esta fórmula no debe cegarnos ante las dificultades que la flamante dupla enfrentaría a la hora de gobernar. Muy difícil la tendrían en el Congreso donde, de entrada, apenas podrían contar con sus cinco senadores, más la mayoría de los liberales, listos hoy a pasarse a cualquier barco ganador con tal de que cesen doce años de sequía burocrática. Y uso a conciencia el adjetivo, pues eso, burocracia, es lo que le pedirían al digno profesor Mockus a cambio de su apoyo. De resto, algo ayudarían los del Polo, salvo por la fracción dogmática de Robledo & Hermanos, intransigente en la mayoría de las materias. Como de PINes y otros demonios no se puede hablar, las cuentas implican que Mockus tendría que tranzar con nadie menos que con Álvaro Uribe, el jefe parlamentario de la U y de la mayoría de los conservadores. Un acuerdo en ese caso sería duro de pactar e inestable. No parece fácil que el entonces ex presidente Uribe permitiera las reformas de fondo que se requieren: la agraria, la urbana, la fiscal, la política y la electoral. Aun así, no habría más remedio que negociar con él. Quién quita que las brisas de Córdoba, más un cierto fatalismo postelectoral, lo hagan entrar en razón.
Con todo, la tarea esencial que espera a los verdes es instituirse como un partido sólido y, muy en particular, aprender a representar a unas mayorías potenciales diferentes de las actuales. Uno de los factores que tiene paralizada a la política colombiana desde hace décadas es el inmenso poder del cacicazgo rural —a su manera, los paras han sido un fenómeno rural o semirrural— cuyo predominio es muy superior al que le da la demografía, ya que Colombia es un país urbano casi en un 80%. Así, la clave del proyecto verde tendría que ser ganar a fines de 2011 el mayor terreno posible en las elecciones para alcaldes y, en menor medida, para gobernadores, como paso previo indispensable antes de fortalecerse en el Congreso en 2014 y triunfar en las presidenciales de ese año, si el actual impulso no alcanza para ganar la Presidencia.
Pero lo que va ya es ganancia, pues la disyuntiva actual es claramente entre opciones muy diferentes. Mockus ha tenido el tino de enfatizar que la lucha más importante del país es contra la ilegalidad. No es necesario ir hasta los pueblos en los que se roban las regalías y el dinero de la salud para ver la corrupción nacional en su macabro esplendor; aquí no más, líos como los de la Registraduría y las notarías huelen muy feo. Falta ver en qué termina el programa del Partido Verde, pues de obtener un éxito creciente también llegarían las presiones para forzarlo a virar en un sentido o en el otro, algo que sólo una espina dorsal clara y unas tesis visionarias pueden evitar.
En síntesis, el Partido Verde podría liderar el cambio que se necesita, con tal de que no deje de ser lo que es y no se deforme para alcanzar la Presidencia, sino que siga en su línea, a sabiendas de que la competencia hacia el futuro no puede menos que debilitarse.
PS: quedé mareado con una frase de Petro en este periódico: “El fin ya no justifica los medios”. ¿Antes sí?