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Realismo

13 de septiembre de 2016 - 09:30 p. m.

A quienes apoyamos la campaña del Sí en el plebiscito a veces nos dicen triunfalistas. Pues bien, salvo por el propio presidente de la República, que quizá no lo pueda evitar, yo no he visto el tal triunfalismo por ninguna parte.

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El palo no está para cucharas y la sopa menos. Además, hay que reiterar cuantas veces sea necesario que el apoyo al Sí no es ni mucho menos una adhesión al gobierno en otras materias.

El otro día un alto funcionario del Estado me decía que Uribe no es tan importante en esta encrucijada. Según él, el descontento de muchos partidarios del No es genuino y no todos son seguidores del expresidente. Yo diría que sí y no o todo lo contrario. El ex, así no tenga el afecto de todos los que ven algo malo en la negociación de La Habana, es el gran catalizador y el jefe de debate que mantiene pujante la opción por el No. Los demás son actores de reparto. Desconocerlo sería necedad, como lo sería agachar la cabeza y callar mientras él y los malhumorados enemigos del plebiscito siguen propalando barbaridades.

Uribe ha dicho que apoyaría el proceso si se revisan dos aspectos centrales del mismo: la ausencia de cárcel para los principales responsables de delitos no amnistiables y la elegibilidad posterior de estas mismas personas. Solo la primera premisa tiene peso, pues la segunda implica que las Farc son una amenaza electoral, aserto que no se apoya ni en la más remota evidencia. No se debe olvidar que, pase lo que pase, los señores del secretariado tendrían más de 70 años cuando por fin les llegue la ocasión de intentar hacerse elegir. Y si el Partido Comunista Colombiano, que durante años fue tan cercano a las Farc, es una guía, la conclusión inevitable es que la gente no vota por ellos. Cierto, la Unión Patriótica tuvo un desempeño apenas mediano un par de veces, pero eso fue antes de que el país virara a la derecha en 2002. Ahora estamos llenos de antiguos “liberales” que se volvieron conservadores acérrimos.

Para intentar imponer un programa de izquierda radical, si es la idea que el partido de las Farc tiene, un candidato necesitaría casi diez millones de votos en la segunda vuelta presidencial. Hoy no se ve de dónde saldría ni siquiera el 10% de esa cifra en primera vuelta. Más peligro hay de que prospere la izquierda populista, aunque los fracasos recientes de sus adalides a lo largo y ancho del continente, sumados a la inexistencia de unas rentas cuantiosas a cargo del Estado con las cuales sobornar a los electores, hacen pensar que incluso los Petros de este mundo la tienen muy cuesta arriba.

Eso nos deja con la obsesión uribista de enviar a Timochenko y compañía a la cárcel, en vez de confinarlos en una zona aislada donde, tras decir detalladamente la verdad, tendrán restricciones efectivas de libertad y movimiento. ¿Amerita un castigo como ese el riesgo de volvernos a coser a tiros? Dejo la decisión a cada lector. De mi parte insisto en que no veo ningún peligro mayúsculo en lo firmado en La Habana y que voy a votar por el Sí. Ojalá nos sigan explicando bien lo pactado y se entienda que es posible estar por el Sí y al mismo tiempo detestar varias políticas del gobierno actual.

La malicia indígena, que los colombianos adquirimos a las malas en el pasado medio siglo, me lleva a sospechar que en la oposición de Uribe al plebiscito hay gato encerrado. Falta verle bien los ojitos al felino para saber qué clase de roedores son los que se quiere comer.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

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