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Acuamán 2008

18 de agosto de 2008 - 04:05 p. m.

Estos Olímpicos serán recordados en años por su inauguración, las marcas, la competitividad, la transmisión impecable, nuestros madrugones, la contaminación, pero sobre todo por Michael Phelps, un verdadero monstruo del deporte. Cómo agradecer la determinación de su familia, que le insistió para que entendiera que su vida no iba a ser igual a la de sus amigos en Baltimore, desde cuando acompañaba a sus hermanas a las piscinas de un club de su ciudad.

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Las diferencias de sus padres, que eran separados se apaciguaron, afortunadamente para el mundo de la natación, cuando decidieron seguir el consejo de su entrenador, Bob Bowan, quien aseguraba que el adolescente de ese entonces sería el mejor de todos los tiempos. Y no se equivocó. Hoy, ese joven desgarbado de pies gigantes, pasó por encima de la memoria de otro grande, su compatriota Mark Spitz, quien prefirió no ver cómo era superado por una medalla más de las que consiguió en Múnich 72.

Jamás olvidaremos esta extraordinaria demostración del nuevo ‘rey’ de las olimpiadas. Entre otras cosas por su alegría y amabilidad, a pesar de las medidas de seguridad que lo rodean y lo limitan para acercarse más a la prensa y a la gente. Phelps es el ejemplo claro de que cuanto más arriba se llega, más se deben tener lo pies en la tierra.

Algunos aseguran que el vestido Speedo, con mínima resistencia y temperatura especial en el agua le ayudaron en estos Juegos a ganar más, pero olvidan que esa misma ventaja la tenían sus rivales y, salvo en la prueba de mariposa del final, no lo vieron sino en el podio.

Este fenómeno, que consume 12.000 calorías diarias en su dieta para compensar sus esfuerzos y todo lo que gasta en sus entrenamientos y competencias, es un ejemplo de vida en todo el sentido para las nuevas generaciones. A pesar de sus extraordinarias características supo, a través del tiempo y del trabajo permanente, pasar por encima de algunas limitaciones que lo separaron de las medallas en Sídney 2000. Su meta clara era llegar a Pekín por los ocho oros que consiguió finalmente y que son motivo de aplauso global y un punto muy alto para que atleta alguno llegue siquiera a igualar en el futuro. Ojalá en Londres, donde se va a llevar a cabo la próxima cita dentro de cuatro años, reconozcamos otra figura de la talla de este gringo de oro que nos encantó a todos durante dos semanas con su impecable actuación.

Por Andrés Marocco

Periodista javeriano. Radioactiva, 88.9, 40 Principales, Caracol Radio. Dementes Deportivas, Telepolémica, Pelotas. Hoy en ESPN. Bumangués, del leopardo.
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