David Beckham tiene un par de deudas pendientes. Obviamente no son económicas. Puede ser el producto del fútbol que rompa todos los récords de ventas sobre los artículos deportivos que llevan su nombre hasta después de su retiro. Tiene una de las mujeres más bellas de la farándula británica como su incondicional esposa. Tiene más carros que amigos verdaderos seguramente y no conoce los sobregiros en sus cuentas.
Pero siente cada vez más latente el temor de no haber ganado nada con una generación de la selección inglesa en la que siempre ha sido el referente y de escampar en los clubes fuera de su país hasta ahora. Se hizo inolvidable eso sí con el número 7 del United, donde vivió su mejor momento futbolístico. Dueño de una pegada impresionante con la derecha y amo y señor del corredor derecho, ganó todo con Álex Fergusson, pero parece que no pudo superar la separación de su maestro, porque a pesar de algunos destellos en el Real Madrid y cinco goles hasta ahora en la MLS, Beckham no brilla como todos apostaban a su salida del Manchester.
Era el capitán de Sven Goran Ericksson pero fracasó en el mundial alemán y luego no logró clasificar a la Eurocopa de este año, hechos que lo obligaron a entregar el brazalete. Mientras todo esto pasaba, las ganancias de la familia no se verían afectadas gracias a la atractiva combinación del futbolista metrosexual y la Spice Girl que alimentaba la farándula de cada nueva estación que ahora se quiere instalar en la meca de la moda italiana, Milan. Si el Galaxy de Los Ángeles accede prestar al ‘mono’ al Milán propiciará otra operación millonaria en publicidad y permitirá, así sea por curiosidad, reeditar los famosos galácticos, pero a la milanesa, curiosamente otra vez con David compartiendo nada menos que con Ronaldinho, Kaká, Seedorf y el malo de la película, Gatusso, entre otros, para intentar poner al rojo y negro otra vez en donde le gusta a su dueño Berlusconi.
La fortuna y sus excelentes mánager lo ponen otra vez frente a una gran oportunidad de darle trascendencia a la parte final de su carrera en un país de primera línea en el fútbol y de paso intentar ganar otra vez el respeto que le sume al peso que necesita para inspirar a su amada Inglaterra, en el último respiro de esa extraordinaria camada de jugadores que no han celebrado como se esperaba. ¿Habrá final feliz?