NÉSTOR OTERO trajo el domingo pasado a Bogotá un Quindío que jugó fútbol, pero que se fue con las manos vacías para Armenia. Un equipo dinámico, rápido, de buen toque, profundo, ordenado, que al final pagó caro sus pocos errores en defensa y que no le alcanzó ni para el empate.
Paradójicamente, para un matemático como Otero, los números no lo favorecieron, pero en el fútbol no nos tenemos que fijar siempre en las estadísticas, sino en el juego bonito. Esta es una de esas discusiones de nunca acabar en este deporte maravilloso. Que siempre hay que jugar bien, así no se gane. Que sí se debe juzgar el desempeño estrictamente a partir del resultado…
Yo soy un romántico empedernido y prefiero la magia del fútbol a ganar jugando mal. Nunca olvidaré la selección brasileña, que no pudo salir campeona en aquel Mundial de España-82. En mi memoria quedaron por siempre las gambetas y el toque de ese conjunto, con Zico como director de orquesta. Jugaban de memoria con Falcao, Sócrates, Junior, Toninho y Eder. O nuestra Selección antes del Mundial de Estados Unidos-94, que no ganó nada, pero que nos hizo sentir bien ese grupo de Valderrama, Asprilla, Valencia, Rincón y compañía.
Al final del partido del domingo, Hernán Darío Gómez, DT de Santa Fe, dijo que “ojalá el Quindío llegue a las finales para que nos refresque la memoria de cómo se juega bien con la pelota”.
Se nos está olvidando jugar como nos gusta. Lamentablemente nuestro fútbol no enamora, no apasiona como antes, porque nos hemos dedicado a modernizar nuestro estilo, olvidando las bases.
Es cierto que exageramos por momentos en la lentitud y el pase hacia atrás, pero no podemos pedirle ‘peras al olmo’. Nosotros no tenemos jugadores para jugar tan rápido y resolver, en medio de tanta prisa, con claridad. Como siempre la clave es el equilibrio y eso lo demostraron los ‘cuyabros’ desde sus limitaciones de nómina contra un grande como el equipo cardenal, que ganó 3-2. Tienen rapidez atrás, fortaleza y habilidad en la mitad y contundencia adelante. Increíble que con todo eso no se llevaron el partido, pero así es este deporte; lo cierto es que a muchos de los que estuvimos en el Nemesio Camacho nos quedó como conclusión que es una necesidad que todos jueguen así en el rentado colombiano para que un día se llenen otra vez las gradas de los estadios. Claro, si además vienen los tres puntos, fantástico.