Sufrimos de un mal terrible para sobrevivir en el mundo del fútbol. Es una enfermedad gravísima que parece no tener cura cercana. Nos cuesta hacerle un gol al mismísimo arco iris y nos pasa en todas las categorías.
No tenemos goleadores y si analizamos el rendimiento de los que están por fuera, las estadísticas son lapidarias. Hugo Rodallega, Falcao García, Luis Gabriel Rey, Wason Rentería, Edixon Perea, Juan Pablo Pino, en ligas importantes del mundo, no marcan más de ocho goles por temporada. Salvo Juan Pablo Ángel y Víctor Montaño, que están en Estados Unidos y la segunda división de Francia, sus nombres no aparecen en la primera página de los cañoneros de sus campeonatos. Acá, Freddy Montero hizo una buena cantidad el año pasado, pero cuando intentó demostrar contra Paraguay no estuvo ni siquiera cerca.
Entonces son dos cosas: primero, no hay un Tino Asprilla ni un Tren Valencia que rompan redes, y segundo, lo poco que hacen bien en sus equipos se borra al ponerse la tricolor. Se llenan de ansiedad, no se mueven bien y, para completar, los técnicos les ponen un enganche fácilmente referenciable para que sea su único surtidor de balones. Seguimos equivocados con la insistencia en el número diez clásico. Si lo vamos a poner tiene que ser un verdadero ‘monstruo’ en la cancha y… ¿lo tenemos?
Hoy en día, si no se sabe desmarcar, se lo come el ‘doble cinco’ y además debe intentar pisar el área para alimentar a los de arriba y por el centro, donde generalmente se mueve, es más complicado. Es cierto que por las bandas es más sencillo todo. Eso no es ningún verso.
Recapitulando, los goles se tienen que empezar a hacer desde la formación. Hay que enseñarles a los pelados a perder el miedo a fallar, a intentar muchas veces, a cabecear abajo. Hay que conseguir más plata para las ligas departamentales, no sólo debe ser trabajo de los clubes, teniendo en cuenta que los mejores prospectos vienen por tradición de regiones sin equipos profesionales.
Eso es para el futuro y para lo que tenemos hoy hay que cambiar la manera de jugar. Entender el estilo de hoy, como lo demostró el América de Cali. No podemos decir que no tenemos jugadores, porque sí lo pudo hacer el rojo, que esperamos también lo demuestre en la Libertadores. De lo contrario, vamos a seguir angustiados con la falta de lo más bonito que tiene este deporte.