La caída de Ramadi, capital de la provincia más grande de Irak, junto con la expansión del Estado Islámico (EI) hacia el interior de Siria y el norte de África, invitan a pensar en las limitaciones de las estrategias militares empleadas, así como los factores que explican el continuado éxito de esta organización, pese a la brutalidad con la que actúa. De todas las formas de guerra que utiliza, la mediática es una de las menos discutidas, pero de las más sagaces. El EI ha llevado la propaganda a un nivel de sofisticación pocas veces visto. En video tras video de las batallas libradas y de las ejecuciones cometidas, la cinematografía y la puesta en escena son tan profesionales como las de cualquier director versado en las técnicas y la estética del cine de Hollywood. En uno de ellos, una fila de egipcios coptos vestidos con el traje anaranjado insigne de los prisioneros de Guantánamo camina por la playa lentamente, acompañada de sus ejecutores vestidos de negro. Desaparecen de la toma, vuelven a aparecer unos pasos más adelante, se observan desde distintos ángulos y distancias y se oye el ruido del mar, lo cual genera tensión y suspenso antes de su decapitación. En otro, un grupo de soldados sirios camina en cámara lenta mientras suena el metal de las navajas con las que serán ejecutados minutos después. En primer plano se observan las manos de los yihadistas tocando el filo y los rostros sin expresión de los soldados reos, seguido por el sonido de su respiración y de la sangre que cae al piso mientras mueren. Todo ello acompañado de guiones hablados, música, imágenes intercaladas y hasta coreografía. Pese a documentar hechos reales de salvajismo en vivo, las películas del Estado Islámico tienen el aterrador efecto de desensibilizar a sus audiencias al miedo, la rabia y la indignación que debe producir la violencia, al convertirla en un acto estético, estilizado e higiénico, al mejor estilo hollywoodense. Para los sectores vulnerables de jóvenes alrededor del globo que el EI busca reclutar, la narrativa que acompaña muchas de sus producciones fílmicas también ofrece una visión romántica de la guerra y un sentido de hermandad y pertenencia. Pero incluso en el caso del espectador crítico de las acciones del grupo, las imágenes descritas suscitan emociones encontradas, desde la curiosidad y la fascinación hasta la impotencia. En la era actual, la experiencia humana está mediada por la tecnología y los medios masivos. Al ver la propaganda del Estado Islámico como un simple gesto de barbarie, se pierde de vista que la realidad siempre es una construcción social y que esta organización está librando una guerra sofisticada y efectiva para definirla. Occidente haría bien en reconocer que además del dinero y la fuerza militar, el califato se está constituyendo mediante un cinema de terror que no se puede combatir solo con armas y bombas, sino con ideas y hechos.