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De la ficción a la realidad

10 de mayo de 2016 - 11:39 p. m.

La novela de Michel Houellebecq, Sumisión, adquirió fama mundial instantánea al publicarse el mismo día del ataque contra la revista Charlie Hebdo en París, coincidencia que hizo aún más controversial su retrato de Francia en 2022. En éste, el país atraviesa una crisis profunda típica de la posmodernidad, en la que según el protagonista François –un profesor de literatura de la Soborna– la sociedad está tan enceguecida por la avaricia, el consumismo y la lujuria que no alcanza a dimensionar su vacío existencial.

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Dentro del contexto descrito, y con tal de impedir la llegada al poder de la extrema derecha, los socialistas se alían con la Hermandad Musulmana y los franceses terminan sometiéndose a un gobierno islamista que introduce la sharia, elimina los derechos de la mujer, se apodera de la educación superior, destierra a los judíos e incentiva la ampliación de la Unión Europa para incluir a otros estados musulmanes. Por su parte, François se convierte al islam con miras a preservar su empleo.

Más que una parodia de la islamización de Francia, la idea que atraviesa Sumisión es que el sinsentido de la vida en Occidente puede alimentar un cambio social radical si éste ofrece algo en qué creer. En palabras del director de la Sorbona, convertida en la novela en universidad islámica, “Europa ha llegado al punto de tan espantosa descomposición que no puede salvarse a sí misma”, lo cual crea una “oportunidad histórica para su rearme moral y familiar”. El proceso electoral que convirtió a   en el primer alcalde musulmán de Londres refleja en algo esta coyuntura, no porque Khan sea islamista –su apoyo a temas como el matrimonio homosexual sugiere que no lo es–, sino por el rechazo masivo que suscitó la campaña negativa de su opositor conservador, Zac Goldsmith, quien intentó representarlo como un peligroso extremista religioso.

El eslogan de Khan, “un alcalde para todos los londinenses”, se remontó al argumento de que toda persona debe poder realizar su potencial, sin importar su riqueza, raza, religión, género y orientación sexual. En una de las ciudades más diversas del mundo –40 % no son oriundos de Inglaterra–, con problemas graves como la vivienda y el transporte que están ahondando las brechas sociales entre los habitantes, no es de sorprender que éste terminara imponiéndose. Así, y a diferencia del libro de ficción, esta elección representa un desafío tanto para los islamistas extremos que lo consideran un traidor, como a los antimusulmanes que lo han querido mostrar como un terrorista en potencia.

Cuando Houellebecq escribió Sumisión, la transición pacífica y democrática hacia una Francia “otra”, en este caso musulmana, era inimaginable. Ahora, quién sabe. Como mínimo, la elección de Khan en Londres ofrece algo de esperanza, porque demuestra que el nuevo orden que está tratando de nacer en reemplazo del viejo no está predestinado por el miedo, el racismo y la islamofobia.

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