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El debut de Unasur

16 de septiembre de 2008 - 10:20 p. m.

Esta semana los presidentes de Sudamérica estrenaron la Unión de Naciones Sudamericanas —un mecanismo de cooperación y concertación política que constituyeron apenas en mayo de este año para hacer frente a la crítica situación interna que vive Bolivia.

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A pesar de que Unasur parece haber salido airoso de su primera prueba de fuego, los desafíos que enfrenta para convertirse en una instancia genuina de acción en lugar de un simple expositor de buenas intenciones no son menores.

La magnitud de los problemas que enfrentan países como Bolivia reta las habilidades políticas del nuevo organismo para manejarlos. Durante años, las tensiones económicas, regionales, étnicas y sociales entre el este y oeste de ese país han alimentado niveles crecientes de polarización y fragmentación.

Si bien el rechazo de los integrantes de Unasur a cualquier intento de golpe de Estado de parte de los departamentos opositores y su reconocimiento de la autoridad legítima del gobierno de Evo Morales ratificada recientemente con el referendo popular puede contribuir a poner fin a este ciclo de violencia y salvaguardar la institucionalidad democrática en Bolivia, no resolverán los temas de fondo que originaron esta crisis.

Las diferencias que existen entre los intereses y agendas políticas de los países sudamericanos, así como los estilos de liderazgo de sus presidentes, también dificultan la identificación consensuada de prioridades y las mejores estrategias para defenderlas.  En la actual coyuntura, el escepticismo del presidente Lula da Silva en torno a la necesidad de convocar una cumbre extraordinaria sin una solicitud concreta del Gobierno boliviano y su aceptación por parte de la oposición contrastó con la insistencia de los gobiernos de Chile y Argentina, y la del Secretario General de la OEA cuyas manos institucionales estaban atadas por la crisis diplomática entre Bolivia y Estados Unidos de que la magnitud del conflicto exigía medidas inmediatas.

Mitigar los esfuerzos de Chávez por utilizar a Unasur en función de su propia agenda tampoco es fácil. Durante la cumbre fue evidente el tire y afloje entre quienes abogaban para que las discusiones se centraran en Bolivia y los intentos del venezolano por desviar el debate hacia la intromisión yanqui. Aunque la exclusión del tema de Estados Unidos permitió que los mandatarios sudamericanos acordaran una posición común frente al tema boliviano, sugiere que otro obstáculo que enfrenta Unasur es el disenso entre sus integrantes sobre la relación con la potencia.

La fórmula que se adoptó en la Declaración de Santiago para superar este impasse fue eliminar cualquier tipo de mención sobre la intromisión externa en la crisis de Bolivia, lo cual podría interpretarse como la evasión de una crítica sobre la injerencia de Washington y Caracas.

Si bien uno de los propósitos centrales de Unasur es resolver los problemas políticos de Sudamérica desde la misma subregión, el camino que le queda para materializar este objetivo es largo.  Su legitimidad como instancia efectiva de concertación dependerá en gran medida de la voluntad de sus miembros de acordar unos mínimos, entre los cuales la acción preventiva frente a futuras quiebras institucionales e intervenciones turbias de terceros de la región o de fuera debe ser prioritaria.

* Profesora Titular. Departamento de Ciencia Política. Universidad de los Andes

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