Puede que la noticia internacional del año sea el destape de las prácticas extensivas de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y las tensiones provocadas entre Estados Unidos y algunos líderes de los países más espiados.
Sin embargo, el escándalo político y mediático provocado por las revelaciones de Edward Snowden opaca una tendencia igualmente preocupante y tal vez de mayor envergadura. Se trata de la proliferación del uso de drones o vehículos aéreos no tripulados (UAV).
Los drones se están convirtiendo rápidamente en un componente neurálgico de la guerra, así como de otras facetas civiles de la vida humana. Desde 2002, su uso en combate por parte de Estados Unidos ha aumentado de 200 a aproximadamente 11.000, mientras que en 2012 el gobierno Obama firmó una ley que permitirá su despegue comercial a partir de 2015. En la actualidad, unos 50 países, incluyendo Colombia, los poseen y además de las marcas estadounidenses, son manufacturados por China, Israel e Irán.
La utilización de drones en el programa (contra el terrorismo) de vigilancia y asesinatos selectivos de Estados Unidos, en el que han muerto centenas de civiles inocentes en Pakistán y Yemen, ha sido documentada en informes exhaustivos de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, y denunciada, dado el secretismo que rodea los ataques y su violación del derecho internacional y el DIH. Poco a poco se van convirtiendo también en el instrumento preferido para monitorear fronteras como la estadounidense-mexicana, realizar actividades policivas y hasta hacer seguimientos a los cultivos agrícolas.
Si los drones siguen un patrón similar al de los computadores y la internet, que tuvieron origen en innovaciones tecnológicas con fines militares, es de esperar que en un futuro no tan lejano se vuelvan más comunes en la cotidianidad. Para la muestra, en un episodio reciente del programa de análisis 60 minutes, el presidente de Amazon, Jeff Bezos, discutió su plan de entregas rápidas de mercancía por drones —descritos por uno de los productores del show como “tarántulas voladoras gigantes”— a desarrollarse en 4 o 5 años.
¿Cómo será el mundo cuando haya tantos drones como aplicaciones militares y civiles? La (mala) película Stealth: la amenaza invisible (2005), de las únicas lecturas hollywoodenses del tema (hasta ahora), plantea la situación inverosímil de que estos adquieran voluntad destructiva propia. Empero, no parece tan insólita la posibilidad de que los drones caigan en manos criminales o enemigas y que sean empleados para realizar asesinatos o regar armas químicas letales desde el aire. Aunque no tan apocalíptica, no es menos alarmante la imagen de un cielo lleno de pequeños drones, entregando paquetes o comida a domicilio, siguiendo cada uno de nuestros movimientos, incluso a través de las paredes, y a veces, cayéndose encima de las personas.
En pocas palabras, el futuro de los drones, que ya comienza a visualizarse en el presente, plantea un sinnúmero de interrogantes sobre la seguridad, la legalidad, los derechos humanos y la privacidad que apenas comienzan a discutirse.
*Por motivo de vacaciones dejaré de escribir hasta el 8 de enero. Para mi único deseo para 2014, quisiera recordar las palabras de Einstein: “la paz no se puede mantener por la fuerza, sólo se logra a través de la comprensión”.