Sin saber en qué terminó el debate de anoche entre John McCain y Barack Obama, sigo pensando en el de sus fórmulas vicepresidenciales.
Es difícil entender el “éxito” de Sarah Palin, reconocido por republicanos y demócratas por igual. Llamó la atención la deferencia sonriente de Joe Biden hacia la gobernadora de Alaska y su renuencia a exigirle que respondiera las preguntas. Y fueron sorpresivos los guiños repetidos de la segunda ante la cámara.
Aunque la política siempre es un performance el de Palin ha suscitado inusual controversia. Al tiempo que es el hazmerreír de programas de sátira como Saturday Night Live y la pesadilla de quienes tememos que alguien tan ignorante y extremista a la vez puede llegar a estar cerca a la Presidencia, cuenta con muchas/os defensores viscerales.
A diferencia de otras mujeres dedicadas a la política – entre ellas Hillary Clinton – que se han caracterizado por su dureza, Palin ha convertido su papel de madre y su feminidad en su mayor arma. No solo ha hecho realidad el deseo imposible de muchas mujeres de combinar los valores familiares con el trabajo — y lo hace parecer tan fácil! También la regla que se ha impuesto en el trato hacia ella en público, de que no sea vista como “hombre”, ha permitido que cualquier cuestionamiento dirigido hacia Palin sea tachado de sexista. En contraste, el arma de la feminidad le ha permitido a la candidata vicepresidencial burlarse con sarcasmo de Barack Obama y hasta acusarlo de tener vínculos con terroristas, sin que ello sea considerado racista.
De la mano de su imagen como madre y servidora pública, Palin se ha referido a sí misma como “six-pack Joe”, aludiendo al hecho de que ella y su esposo son gente ordinaria que comparte las angustias de los ciudadanos de clase media que han visto desmoronar el sueño americano. El mensaje que proyecta es de un “nosotros” cansados de la politiquería y corrupción de las elites washingtonianas, lo cual sirve adicionalmente para argumentar que la experiencia política — al menos la de éstas — no es sino un atributo negativo.
El manejo que le dio Palin a la cámara durante el debate presidencial constituyó el núcleo de su performance. Esa noche habló directamente a los televidentes como si no hubiera nadie más en el auditorio. Su uso del guiño tuvo el propósito de establecer complicidad con ellos. Sin embargo, la de ella también fue una estrategia desconcertante de seducción, consistente en el coqueteo digno de una reina de belleza. Aunque es aterrador admitirlo, no me sorprendería que algunos hombres votaran por ella por el simple hecho de considerarla sexy.
El espectáculo de la feminidad ha permitido a Sarah Palin enmascarar con el discurso del cambio sus actitudes retrogradas. Aunque la crisis financiera puede constituir el despertar de esta imagen torcida de la realidad no hay duda de que esta “hockey mom” terminará convenciendo a muchas/os que con su intuición de “maverick” — y la de John McCain — encontrarán la forma de superarla y de permitir a los estadounidenses seguir soñando.
*Profesora Titular. Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes