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El juego de los delegados

01 de marzo de 2016 - 11:35 p. m.

El supermartes marca un hito determinante en el ciclo presidencial en Estados Unidos, ya que se realizan consultas en una docena de estados en los que la mitad de los delegados republicanos y un tercio de los demócratas requeridos para la nominación de cada partido, 1.237 y 2.382, respectivamente, están en juego.

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Más allá de los ganadores de la jornada —que, según todas las encuestas, habrán sido Donald Trump y Hillary Clinton—, la compleja matemática detrás de la repartición de delegados invita a ponderar los resultados. He aquí algunas pistas.

Además del voto popular, el número de delegados obtenidos por cada candidato es función de cuántos candidatos compiten en el proceso electoral. Como regla general, entre más candidatos, como ocurre actualmente con los republicanos, menos rápido se suman delegados, y entre menos, caso demócrata, más fácil llegar al número mágico. Si bien a partir de las consultas del 15 de marzo muchos estados comenzarán a usar la fórmula de “el ganador se lo lleva todo”, en lugar de la repartición proporcional de delegados a partir de cierto umbral del voto, la sobrevivencia de tres o más contendores después del supermartes puede prolongar la definición del candidato republicano. En el caso de los demócratas, un triunfo amplio de Hillary Clinton, sumado al apoyo que ya tiene de casi todos los 712 “superdelegados” (legisladores y otros líderes partidistas cuyo voto no está condicionado al voto popular), presagia su pronta nominación.

La secuencia de las elecciones también importa. Como los estados del Sur votan al principio, pueden inflar el apoyo para Trump por su arraigo entre los votantes con niveles educativos bajos, y en menor medida, el de Clinton y Ted Cruz, por el apoyo de los afroamericanos y cristianos evangélicos. La apuesta de quienes permanezcan en la contienda y atraigan otros sectores demográficos (hispanos, jóvenes y educados, entre otros), como Marco Rubio y Bernie Sanders, es comenzar a sumar más delegados a partir de ahora y sobre todo en la jornada del 15, en la que participan estados grandes como Illinois, Florida y Ohio.

Si Rubio, el candidato “oficialista”, no logra frenar a Trump para mediados de marzo, cuando el 60% del total de delegados ya se habrá repartido, es probable que éste asegure la nominación. Aunque se especula que en ese caso habría una “tercería” de Michael Bloomberg, las encuestas no lo favorecen como tampoco la historia moderna estadounidense, en la que nunca ha habido una candidatura independiente exitosa. Con ello, los republicanos que hoy afirman que no apoyarán a Trump “ni de fundas” se verán en la obligación de escoger el menor de dos males (siendo peor el que representa Clinton) y ocurrirá lo impensable: el partido tendrá que apoyar a alguien que no quiere y que sabe que no puede ganar.

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